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Noviembre 16, 2001

La salida de Chávez


Resumen:

  • Consenso nacional en torno a la salida de Chávez.

  • La pobreza se ha incrementado dramáticamente.  Aumenta el desempleo y la inseguridad causa pánico colectivo.

  • "Lleva tres años gobernando y las cosas están peor".

  • Se constituye un movimiento denominado "Fuera Chávez".

  • Setenta por ciento de encuestados responsabiliza al Presidente de los problemas del país.

  • Más de 50% califica negativamente la gestión de Chávez y exige rectificaciones y apertura al diálogo.

  • La frustración empezó por una caída en la adhesión emocional. Prosiguió con dudas sobre la idoneidad del caudillo para gobernar.  Ahora es convicción general de su incapacidad para resolver los problemas de la sociedad.

  • El gobierno sufre descomunal derrota en las elecciones sindicales.

  • La frustración del "chavismo" se está convirtiendo en un sentimiento de ira popular que puede resultar incontenible.

  • Coincidencia en que la salida de Chávez debe ser pacífica, institucional.

  • Se debate sobre el post-chavismo. En foros y seminarios se examinan los caminos para reconstruir el país.

  • El efecto positivo es que renace optimismo y confianza en el futuro.

  • La "revolución bolivariana" se encuentra frente a una muralla que le era inevitable: la ingobernabilidad.

  • El Caso Venezuela ha merecido juicios contradictorios. Le Monde Diplomatique opina que es el proyecto alternativo frente a la globalización. Vargas Llosa que es el suicidio de una nación.

  • Chávez aprobó mediante decretos 49 leyes, entre otras, la de Tierras, que permite despojar de sus fincas a los productores agrícolas y la de Hidrocarburos, que aleja a los inversionistas interesados en el petróleo.

  • La empresa privada amenaza con un paro nacional, si el gobierno no rectifica.

  • El Presidente acusa el impacto de las adversidades que confronta.  Especialmente lo que significa la caída en los precios del petróleo y el malestar en los cuarteles.

  • Chávez fue a la ONU para pronunciar un discurso que le mantenga su condición de líder de la izquierda latinoamericana y le garantice la presidencia del Grupo de los 77.

  • A Chávez no le preocupa la incomodidad que causa en Washington.  Está convencido que al concluir la guerra en Afganistán se desintegrará la alianza y ondearán nuevamente las banderas de la lucha contra la globalización, el neoliberalismo y la unipolaridad.  Son las que piensa agitar desde la presidencia del G-77.

  • En el escenario interno, todo apunta hacia un sesgo más autoritario de la autocracia que Chávez logró construir en menos de tres años.


Dos asuntos centran la atención del país: salir de Chávez pacíficamente y el escenario post-Chávez. En relación a lo primero está cristalizando un amplio consenso nacional. En la historia democrática ha sido el Presidente que ha disfrutado por mayor tiempo de la luna de miel que los ciudadanos otorgan al nuevo gobernante. Conviene tener presente que la empatía con Chávez no fue nunca sentimiento colectivo. En el primer año del régimen, 1999, fue manifiesta la actitud crítica de la clase media, la Iglesia, los intelectuales, el empresariado. Actitud matizada por la ilusión de compartir la expectativa de cambios en libertad. El apoyo entusiasta, fervoroso, lo tuvo Chávez en los sectores "D" y "E", mayoría determinante de la población, sensible al discurso populista y a la promesa de redistribuir la riqueza. Estos sectores se mantuvieron permeables al mensaje de que todo lo malo era culpa de los gobiernos anteriores. Que era necesario cumplir la etapa de transformaciones políticas para poder realizar los proyectos sociales y económicos que mejorarían la situación de los desvalidos y marginales.

En el año siguiente, los sectores críticos vieron cómo los hechos confirmaban que el propósito de Chávez era un ejercicio autocrático del poder. Los electores de Chávez se fueron desmotivando, aun cuando seguían esperanzados en el cumplimiento de las promesas. Los tres grandes problemas, eran y son todavía, pobreza, inseguridad y desempleo. Los altos precios del petróleo  permitieron a Chávez administrar fondos públicos tan cuantiosos como ningún otro gobierno. Al aproximarse el tercer año de gestión la pobreza se ha incrementado dramáticamente. La inseguridad tiene a todo el mundo dominado por el pánico y los sectores pobres son los más afectados por el desborde del hampa. Aumenta el desempleo y más del cincuenta por ciento de la población activa sobrevive a duras penas en la economía informal.

El consenso nacional en torno a la salida de Chávez es producto del encuentro entre los críticos y el contingente cada vez más numeroso de los partidarios de Chávez que ya no le dan crédito y lo consideran responsable de los padecimientos colectivos. "Lleva tres años gobernando y las cosas están peor". Es la expresión mas común en los labios de la inmensa mayoría. Funcionan entes coordinadores de la resistencia cívica, Internet se ha convertido en instrumento demoledor contra el gobierno. El dirigente político Enrique Ochoa, miembro del Cabildo Metropolitano, donde Chávez perdió la mayoría,  anunció la constitución de un movimiento denominado "Fuera Chávez".

CAMBIA LA OPINIÓN PÚBLICA

Desde comienzos del año 2001, las encuestas han venido señalando los problemas de opinión pública que afectan al Comandante. Las tres más reputadas, en trabajos de campo efectuados en octubre y en los primeros días de noviembre, encontraron que el 70% hace responsable al Presidente de los problemas del país.

Más del 70% considera un abuso las "cadenas" (trasmisión de las frecuentes y largas peroratas presidenciales impuestas a todas las televisoras y radiodifusoras en las horas de mayor rating); cerca del 80% dice que viaja al exterior en exceso. Mas del 50% califica negativamente la gestión gubernamental, y porcentajes superiores reprueban el lenguaje agresivo, consideran erróneo el comportamiento del Presidente ante los hechos de terrorismo ocurridos en Estados Unidos, así como desacertado el comportamiento ante la guerrilla colombiana. En esos niveles aparece la exigencia de rectificaciones en las políticas del gobierno y el reclamo de diálogo. Apenas un 13% le atribuye los males del país a los gobiernos anteriores. Es el mismo porcentaje que votaría nuevamente por Chávez. El 40% piensa que el Presidente no concluirá el período.

El gobierno se sintió tan arrinconado por las encuestas que el Ministro del Interior declaró: "Los resultados de las encuestas dependen de quién las paga". En la ofuscación el Ministro olvidó que, en los buenos tiempos del régimen, los resultados aportados por las mismas empresas eran pregonados como prueba  de la popularidad de Chávez.

DESCONFIANZA Y FRUSTRACIÓN

La salida de Chávez como solución es alimentada por la desconfianza y por la frustración. El Presidente  quiso siempre colocar en la acera de enfrente a los actores más dinámicos de la sociedad, en  exitosa estrategia de confrontación que  aplicó para seducir al "soberano", como denomina a quienes le vieron como un Mesías. Se excedió en la agresividad, el insulto, la insolencia, creyendo quizás que lograría amedrentar. No lo consiguió. Al contrario, los medios de comunicación, los empresarios,  la  Iglesia  Católica - trípode satánica que el Presidente considera los enemigos por antonomasia de la revolución- han sido de un coraje admirable. Para sorpresa general, fue adquiriendo conformación y poder la sociedad civil. Al punto que, en los últimos días,  allegados a Chávez  le aconsejan que promueva un gran acuerdo nacional, pues temen la exasperación de los sectores agredidos. Sin embargo, algunas tímidas señales enviadas desde el campo oficial no se toman en serio. No hay confianza en el Presidente.

La frustración es del "soberano". Empezó por una caída en la adhesión emocional. Prosiguió con dudas acerca de la idoneidad del caudillo para el ejercicio eficiente del gobierno. Ahora es la convicción generalizada de su incapacidad para resolver los problemas que le agobian, la cancelación del plazo de espera, el señalamiento de la responsabilidad presidencial en el agravamiento de la situación y la toma de la calle para protestar. "Que se largue", "Fuera Chávez", "Nos engañó", "No más mentiras",  son los textos de pancartas y los gritos de multitudes que a diario manifiestan, creando un clima de crispación.

Un feroz testimonio del rechazo popular fueron las elecciones sindicales. El movimiento organizado de los trabajadores preocupó tanto a Chávez, que a finales del año pasado convocó un referéndum pidiendo al "soberano" que decapitara las cúpulas sindicales. El  "soberano"  se abstuvo. Chávez le ordenó a su Consejo Nacional Electoral que declarara aprobada la consulta y anunció la creación de una central única bolivariana. Ante el rechazo absoluto, cambió de opinión y anunció que la nueva estrategia era controlar la Confederación de Trabajadores (CTV), la central histórica, plural, de los trabajadores venezolanos. En una asamblea, con gente traída de todo el país, postuló para presidir la CTV a uno de sus partidarios, Aristóbulo Istúriz. El candidato, con la aprobación del Comandante, dijo que al ser electo se proponía establecer una central única de trabajadores (violando varios tratados internacionales) y ocuparía una silla en el Gabinete ministerial para "cogobernar", haciéndonos recordar viejos sueños corporativistas y fascistas. Pero, en contra de lo previsto por ellos, valiéndose de las normas fijadas por Chávez, los veteranos sindicalistas le han propinado una descomunal derrota al candidato gubernamental. Chávez dice que hubo fraude y no reconoce las autoridades electas por los trabajadores.

A estas alturas no se sabe qué va a ocurrir en el terreno legal, pues Chávez controla a los jueces, aunque lo más probable es que se impongan los sindicatos. Tienen el apoyo de la OIT y anuncian que recurrirán también  a otras instancias internacionales. Se encuentran en condiciones de testimoniar su legitimidad convocando a los trabajadores a defender en la calle derechos y reivindicaciones. Aparte de las expectativas, lo evidente es que el mundo del trabajo no está con Chávez.

Para los observadores, la frustración del "chavismo" encierra mayor peligrosidad que el endurecimiento de los críticos tradicionales. A estos los mueve la racionalidad. La frustración se está convirtiendo en un sentimiento de ira popular que puede resultar incontenible.

SOLUCIONES A LA CRISIS

En el escenario actual, sin embargo, hay un acuerdo nacional sobre la conveniencia de una solución pacífica e institucional a la crisis de gobernabilidad. El régimen insiste en que la solución de fuerza llevaría inevitablemente al surgimiento de un Pinochet. Este escenario no parece factible bajo la vigencia de la Carta Democrática Latinoamericana. Además, el descontento militar es producto del rechazo al papel político que Chávez le ha dado a las Fuerzas Armadas. Como en Caracas, en todo el país se habla de conspiración -desde los más altos personeros militares hasta los conductores de taxis-; y una de las versiones más difundidas es que los golpistas encargarían a civiles la Presidencia y la mayoría de una eventual Junta de Gobierno. El argumento madre del régimen frente al hipotético golpe de estado es el peligro de "gorilas", al estilo de los que sufrió el Cono Sur.  A su vez, la sociedad civil y el chavismo frustrado temen un desenlace sangriento. He allí  la coincidencia en que la salida de Chávez debe ser pacífica, institucional.

El otro gran tema en discusión es el post-chavismo. Todos los días se realizan foros, talleres, seminarios, en los más variados espacios, para examinar los caminos de reconstrucción. El efecto positivo es que renace optimismo y confianza en el futuro. Es demostración permanente de que hay una diáfana percepción de las cuestiones fundamentales, ideas claras y coherentes sobre las medidas que se deben adoptar a corto y mediano plazo. Señalamos dos aspectos de especial significación. Uno es la comprensión de que la causa del fracaso ha sido el populismo, del actual y de los anteriores gobiernos; y otro es la aparición de insospechados recursos humanos de alta calificación para la gestión pública, que ahora estarían dispuestos a involucrarse en un proyecto de reconstrucción del país, dentro de nuevos criterios culturales e institucionales.

REVOLUCIÓN Y GOBERNABILIDAD

La revolución bolivariana que lideriza el Comandante Chávez se encuentra frente a una muralla que resulta insuperable: la ingobernabilidad. En rigor, no es situación excepcional en la América Latina de nuestro tiempo. Anualmente se escriben decenas de libros excelentes sobre la crisis de gobernabilidad, que afecta a los países en vías de desarrollo, en éste y otros continentes, indistintamente del modelo político aplicado. En nuestros análisis sólo intentamos presentar hechos, sus causas probables, sus efectos evidentes para la comprensión rápida y confiable de una eclosión política caribeña que ha logrado llamar la atención planetaria.

El Caso Venezuela ha merecido los juicios más contradictorios. El mes pasado Ignacio Ramonet, Director de Le Monde Diplomatique, afirmó que Venezuela era  ejemplo de  un proyecto alternativo ante el fracaso de la globalización. El escritor Mario Vargas Llosa, en el apogeo de Chávez como fenómeno de opinión pública, dijo que era el suicidio de una nación. En la onda de  famosos  escritores latinoamericanos, todo puede terminar como en el título de uno de los libros de García Márquez: "Crónica de una muerte anunciada".

El Presidente pudo apreciar la gravedad de las grietas en los muros de la revolución cuando  concluyó un estrambótico viaje de tres semanas por cuatro continentes. Los 200.000 manifestantes  que aspiraba encontrar a su regreso,  en la concentración popular  convocada por orden suya,  se redujeron a unos 5.000 empleados públicos tan desmotivados que se fueron dispersando mientras el líder daba cuenta de sus batallas por la paz y por los precios del petróleo.

Chávez responsabilizó del fracaso del acto a sus organizadores y  dedicó especial atención a preparar una de  las famosas "cadenas". Adversarios atribuyen a problemas psicopáticos la  convicción que tiene el Presidente de los efectos persuasivos  de  su oratoria. Los cortesanos halagan su vanidad, diciéndole que es un mago de la comunicación. Hubo un tiempo en que mucha gente aceptaba esas "cadenas" como espectáculo, pues el  Presidente hacía chistes,  refería  anécdotas personales, cantaba, se burlaba de sus colaboradores y anunciaba los nombramientos o destituciones de los altos funcionarios. Pronto la gente se fue fastidiando. Las mismas promesas de siempre, los mismos gracejos y cada vez más subido el tono injurioso e insolente contra los "enemigos" de la revolución.

Esta vez la gente no apagó los televisores o buscó un canal extranjero. Se produjo el "cacerolazo", del cual dimos cuenta en Venezuela Hoy del 31 de octubre de 2001. El "cacerolazo" se repitió el l3 de noviembre, cuando de improviso apareció el Presidente en todas las pantallas de televisión para informar que se hacía meritorio del Libro de Récords de Guinnes: en ejercicio de la Ley Habilitante su Gabinete acababa de aprobar 49 leyes. Entre otras, la de Tierras, conforme a la cual pueden ser despojados de sus fincas los productores agrícolas; y la de Hidrocarburos, que según los expertos, aleja a los inversionistas interesados en el petróleo venezolano.

DIÁLOGO O RADICALIZACIÓN

En los hogares hubo "cacerolazos". Resonaron tanto que el Presidente no pudo ignorarlos. "Son los ricos, afectados por la revolución. El soberano no participa en esas manifestaciones. Siendo propias de una democracia estoy obligado a oír las cacerolas". Los empresarios reaccionaron con indignación. "Nos sentimos irritados, frustrados y burlados", declaró Pedro Carmona Estanga, el principal líder empresarial, a quien se le reconoce comedimiento y mesura especiales en el esfuerzo que ha realizado durante meses para intentar el diálogo con el gobierno. La cúpula empresarial se reunió. Sus voceros anunciaron que no tenía sentido sentarse en una mesa de diálogo, donde simplemente se les oía, o se les recibía documentos que ni siquiera se discutían. Se amenazó con un paro general de la empresa privada si el gobierno no rectificaba. Fueron palabras mayores: un paro general, con participación activa del empresariado, el sindicalismo y los medios de comunicación sería ineluctablemente el abrupto final de Chávez.

De los círculos íntimos de Chávez ha salido la información de que el Presidente ha estado muy afectado psíquicamente. Ha sufrido un "down" que, según se dice, es frecuente en él. La impresión de nuestros analistas es que el Presidente acusa el impacto de las adversidades que confronta. Aprecia lo que significa la caída de los precios del petróleo. El malestar en los cuarteles, reconocido por el Alto Mando cuando  publicó una extraña declaración  de apoyo al gobierno. El alejamiento y la desmotivación de la "chusma", como en ocasiones denominó a sus más entusiastas partidarios. La fractura de la heterogénea alianza que lo ha venido apoyando políticamente y el aislamiento internacional en que lo ha colocado su zigzagueante posición ante la guerra de Afganistán.

LA ESTRATEGIA

Después de muchas dudas, Chávez asistió a la Asamblea de la ONU. Pasó unas horas en New York, abrumado por la soledad y la fría acogida de sus colegas. Las entrevistas se redujeron al Presidente Jatami, para garantizar el apoyo iraní a la Presidencia del G77 y al líder palestino Arafat para que fuese obvia la solidaridad. Dijo un discurso, sólo en apariencia de  circunstancias. En opinión de nuestros analistas es la clave para entender lo que tiene en la mente este animal político, astuto y dispuesto a conservar el poder.

  • El Foro de Sao Paulo emitió una declaración el 15 de octubre fijando la posición de la nueva izquierda latinoamericana. Contra la guerra y contra todas las formas de terrorismo. A favor de la paz mundial y la convivencia pacífica de los pueblos. Por la resolución diplomática de los conflictos bajo la égida de la ONU y del derecho internacional. Condena del Talibán. Solidaridad con el pueblo de Afganistán y las víctimas inocentes. Chávez se ajustó exactamente a esos lineamientos y agregó: la creación del Estado Palestino, la transformación de las Naciones Unidas eliminando el veto de las grandes potencias, el cambio de rumbo por quienes manejan la economía mundial. "El neoliberalismo es el camino al infierno".

  • * Chávez fue a la ONU  para pronunciar un discurso que le mantenga su condición de líder de la izquierda latinoamericana y le garantice la Presidencia del Grupo de los 77 que, como bien se sabe,  reúne ya 133 países. Chávez cree que el Grupo, para hacerse sentir en la escena mundial, requiere liderazgo y él se considera apto para cumplir ese rol.

  • A Chávez no le preocupa la incomodidad que causa en Washington. Tiene la convicción de que Bush  no lo considera un problema para la seguridad de EE. UU. y que cualquier malestar lo obvia en interés de garantizarse el petróleo venezolano. El Embajador en Washington le ha recomendado prudencia, pero comparte la apreciación de que Estados Unidos no pasará de la retórica. Según el Embajador, la política norteamericana seguirá orientada por la idea de que no conviene hacer de Chávez un David enfrentando a Goliat, en tanto Venezuela garantice suministro de petróleo.

  • Al concluir la guerra de Afganistán, cree Chávez, se desintegrará la alianza y  ondearán nuevamente las banderas de lucha contra la globalización, el neoliberalismo y la unipolaridad. Esas son las banderas que aspira agitar fuertemente desde la Presidencia del Grupo de los 77. Confirmación de su liderazgo de la nueva izquierda a nivel mundial y escudo de protección a la revolución bolivariana: "una revolución armada con tanques y fusiles".

  • Al regresar de la ONU, Chávez dedicó buena parte de su tiempo a un Encuentro Latinoamericano y Caribeño sobre el Diálogo de Civilizaciones. Trajo a uno de sus íconos, el argelino Ben Bella. Ambos proclamaron el fracaso de la globalización y la necesidad de oír a los pueblos de todo el planeta clamando justicia. Para abrir caminos de justicia las naciones del Sur tienen que hacerse sentir. Chávez aplaudió frenéticamente a Ben Bella cuando éste afirmó que el G7 es la mafia que explota al mundo con el cuento de la globalización. En el Encuentro, Chávez dio respaldo al discurso de la Vice-Presidenta de la República, quien sostuvo que el terrorismo es un subproducto de la opresión de los UASP, "que se hace sentir desde las Cruzadas". La extraña tesis de la Vice Presidenta estuvo a punto de producir una censura de la Asamblea Nacional.  Una orden del Presidente evitó el voto de censura.

En nuestra perspectiva,  Chávez insistirá en el diálogo para ganar tiempo. Sustituirá el perdido apoyo popular con un mayor control de los mandos militares. Está desmontando la amenaza de una huelga general mediante acuerdos específicos que negocia con los dueños de las grandes empresas, saltándose a la torera a las instituciones representativas del empresariado. Enfrentará con dureza cualquier intento de rebelión.  Hará cambios importantes en los altos niveles de la administración, incorporando más militares. Todo apunta hacia un sesgo más autoritario de la autocracia que logró construir en menos de tres años. Son hipótesis que se confirmarán en los próximos días.

Lo que ahora cabe afirmar, sin riesgo de equivocación, es que Chávez sigue soñando con la revolución y con un liderazgo  internacional que le abra páginas en la historia del siglo XXI.

Se encontrará con muchas dificultades: los precios del petróleo, la poderosa resistencia de la sociedad civil y los organismos internacionales que pueden sentirse obligados a defender los valores democráticos en la región. El acuerdo con los más poderosos dueños de empresas puede no ser suficiente para evitar en el futuro una huelga general, si mantiene enemistados a los trabajadores, fortalecidos por la batalla que le han ganado desde las bases.

DEMOCRACIA Y DESARROLLO
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