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Diciembre 17, 2002

La OEA, Gaviria y la paz en Venezuela


Resumen:

  • Gaviria todavía puede realizar la hazaña de impedir una guerra civil en Venezuela.

  • Tiene la firme decisión de quedarse en Caracas hasta que gobierno y oposición lleguen a un acuerdo.

  • El Secretario General de la OEA, está convencido que un conflicto bélico en Venezuela, rápidamente se insertará en el de Colombia.

  • El futuro del Sistema Interamericano, se está jugando en la crisis venezolana.

  • La interrogante es si efectivamente la Carta Democrática puede aplicarse a un gobierno de origen legal que se deslegitime durante su ejercicio.

  • La reunión actual del Consejo Permanente de la OEA, puede estar  tirando la Carta al cesto de los papeles.

  • Chávez desafía exitosamente a los venezolanos, a los gobiernos más importantes del continente y al organismo que los agrupa.

  • El presidente venezolano ordena a los mandos militares no acatar decisiones de los tribunales contrarias a sus decretos.

  •  Chávez asegura que está ganando el presente round.

  • Ganarlo haría exasperar la confrontación.

  • El dilema seguirá siendo: Acuerdo gobierno-oposición o riesgo de guerra civil.


La historia de Venezuela, como la de todos los pueblos, está llena de leyendas. Casi siempre inspiradas en sucesos que realmente ocurrieron. En la historia de la guerra de independencia uno de los personajes míticos, objeto de mayor veneración, es Atanasio Girardot, oficial colombiano que acompañó a Bolívar en la Campaña Admirable y sacrificó voluntariamente su vida para garantizar el triunfo de los patriotas. En el sitio donde murió Girardot se le recuerda con una estatua que la gente visita reverente y le lleva ramos de flores. Girardot acompañaba a Bolívar cuando éste hizo el tremendo anuncio de la guerra a muerte.

Cerca de dos siglos después, otro colombiano, César Gaviria Trujillo, es el hombre  con posibilidades de anunciar que ha logrado la hazaña de impedir que Venezuela se lance al drama de una guerra civil, tan funesta como la de la segunda década del siglo XIX. Ahora, cuando los historiadores examinan el pasado venezolano con fría objetividad, coinciden en apreciar el conflicto bélico que concluyó en la independencia como el inicio de una guerra civil. Los patriotas tuvieron que enfrentarse con un ejército popular acaudillado por el asturiano José Tomas Boves.  El asturiano empuñaba la bandera de la monarquía española, pero las turbas armadas le seguían, por motivos distintos a la fidelidad a Fernando VII. Los motivaba el distanciamiento social y étnico con quienes  liderizaban la independencia.

El Secretario General de la OEA, aún no ha logrado contener las marejadas de violencia que siguen siendo el signo relevante de la tragedia actual venezolana. Tiene la firme decisión de quedarse en Caracas hasta que se llegue a una negociación del conflicto, o que el estallido del mismo le imponga abandonar lo considerado por muchos como “misión imposible”. La fuerza que impulsa a Gaviria  es su condición de colombiano. Está convencido que el conflicto bélico venezolano rápidamente se insertará en el de Colombia. Una guerra atípica, cruel, sangrienta en el norte de Suramérica, alimentada por petróleo y narcotráfico.

Como si fuese poca cosa, Gaviria tiene un reto alucinante al destino personal. Fracasar como gestor de la paz en Venezuela, sería un triste final como negociador. En la conducción de la OEA posiblemente ha tenido presente que fue un paisano suyo, Alberto Lleras Camargo, el primero en ocupar el cargo que está próximo a entregar. Con la circunstancia de que Lleras es probablemente la figura más importante de la política colombiana del siglo XX. Por su actuación en la vida interna de Colombia y su desempeño en la creación de la OEA.

Si Gaviria logra la hazaña de la paz en Venezuela  correrá con ventaja en el duro maratón para suceder a Kofi Annan en la Secretaría General de Naciones Unidas. En el futuro le harán estatuas no sólo en Colombia, sino también en Venezuela, como a Girardot.

Esto conduce a varias interrogantes. ¿Es acaso éste el primer gran testimonio de que la comunidad interamericana efectivamente ha optado por la democracia y no está dispuesta a tolerar un régimen “sultánico”,  como lo denominó el politólogo Guillermo Yépez Boscán?

¿Se inaugura el sistema interamericano aplicando por primera vez el principio de que un gobierno de origen electoral puede perder legitimidad por ejercicio antidemocrático, conforme lo establece la Carta aprobada en Lima el mismo día en que Bin Laden derribaba las majestuosas Torres Gemelas al sur de Manhattan?

Nadie duda que Hugo Chávez llegó al Palacio de Miraflores con los votos del pueblo, y que como Presidente ha irrespetado los valores y principios señalados por la Carta de Lima como de indispensable cumplimiento para las naciones del Continente. Basta señalar que en la OEA han sido presentados 490 casos de violaciones a la libertad de expresión y agresiones a periodistas por las bandas violentas que Chávez organizó para defender  la revolución bolivariana.

La dificultad de la Carta Democrática es que su aplicación corresponde a un sindicato de gobiernos, buena parte de los cuales tienen el texto, bellamente encuadernado, como adorno en los anaqueles de las Cancillerías, y cada año aparecen mejorando sus récords en las violaciones sistemáticas de derechos humanos que denuncia Amnistía Internacional.

En Washington continúa la reunión solicitada por el embajador Valero en demanda de “Respaldo al gobierno democráticamente electo del Presidente Constitucional de Venezuela”. Nadie entendía que Chávez pretendiera un respaldo de la OEA en ausencia de Gaviria, quien tiene muy clara la situación. En esencia: la crisis es extremadamente grave. Cada día es menos reducido el lapso para acordar una salida electoral. En la Mesa gobierno-oposición los representantes oficiales no presentan propuesta alguna: tratan de ganar tiempo. Cuando el Embajador Valero solicitó la reunión del Consejo Permanente, Gaviria hizo conocer su desacuerdo en que se efectuara la reunión. Habló con jefes de gobierno, embajadores, jefes de gobierno trasmitiéndoles su visión del problema.

La reunión del Consejo, sin embargo, fue convocada. Era competencia del Embajador de Grenada, quien actualmente lo preside. Valero tenía la seguridad de su apoyo, no para el texto, que pretendía simplemente utilizar la reunión como escenario de propaganda política para la revolución. Apoyo para ordenar la convocatoria pues Grenada como el CARICOM estaban comprometidos para una propuesta alternativa: “Respaldo al gobierno democrático del Presidente Constitucional de Venezuela”, con la coletilla “y a la gestión de facilitación del Secretario General de la OEA”. No olvidar la vital dependencia petrolera del Caribe respecto a Venezuela ni el hecho de que Chávez tiene al frente de la Cancillería a Roy Chaderton, un excelente y experimentado diplomático que tuvo papel importante en el diseño de la política venezolana hacia el Caribe durante la llamada Cuarta República. El Caribe fue objeto de sus visitas en los días anteriores.

El Perú, con sólido apoyo, trató de evitar las pretensiones de Valero: “Respaldo a la institucionalidad democrática de Venezuela”. La propuesta peruana respondía al punto de vista de Gaviria y de la mayoría de los gobiernos del Continente: adelantar elecciones.

El viernes 13 no fue posible un acuerdo y se suspendió la reunión para continuarla hoy lunes. El Presidente Chávez agregó en su Aló Presidente de ayer un ingrediente que algún efecto debería tener: afirmó haber dado instrucciones a los comandantes militares para que no permitan interferencias de decisiones judiciales en la ejecución de las medidas que ha ordenado contra el paro petrolero que lleva ya diez días. Aparte de lo que significa que un jefe de gobierno ordene a los militares no acatar decisiones judiciales, las expresiones de Chávez parecen un testimonio de burla al contenido de la Carta.

El proyecto político que pretende implantar Chávez tiene un signo neomilitarista, populista, autocrático y esencialmente antidemocrático. Esta afirmación queda confirmada con la tajante decisión -señalada en el párrafo anterior- de no ajustarse a las exigencias del Estado de Derecho, que es la gran conquista de la civilización occidental, después de la caída del absolutismo.

Dada la similitud de las condiciones imperantes en la gran mayoría de los países latinoamericanos y en buena parte de los africanos, de triunfar el modelo de Chávez, se estaría dando pie a la posibilidad de su sacralización y por ende, de su exportación a todos los países que se encuentran en situación parecida y no sólo a los ubicados en el continente americano. De esa manera, se estaría condenando a muchos pueblos a perpetuarse en el subdesarrollo y en la aplicación de ideologías extemporáneas, impregnadas de elementos que fueron evidentes en los diversos totalitarismos padecidos en el siglo XX.

Por ello, la Organización de Estados Americanos se encuentra en la disyuntiva de construir en la región un futuro de democracia y desarrollo, o bien, de ayudar a Chávez a instaurar en América y en otras partes del mundo, su modelo.

Chávez puede sobrevivir en el poder pero tal circunstancia acrecentará el riesgo de la violencia y la opción extrema de una guerra civil.  Cuando terminamos de redactar nuestro análisis, Gaviria está reuniendo la Mesa de Negociación y Acuerdo. Si el Secretario General de la OEA triunfa en su empeño de una solución pacífica y urgente a la crisis, las futuras generaciones venezolanas estarán dispuestas a levantarle estatuas.

DEMOCRACIA Y DESARROLLO
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