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Noviembre 1ro, 2004

Las elecciones regionales


Resumen:

  • Diosdado Cabello, el segundo hombre de la revolución, fue el personaje emblemático de las elecciones regionales.

  • La pelea por el estado Miranda.

  • Chávez proyectó la derrota de Enrique Mendoza como golpe de gracia a la oposición.

  • La abstención fue determinante en los resultados  y la promovieron el gobierno y el Consejo Nacional Electoral.

  • La oposición colaboró.

  • Las elecciones fueron convocadas violando los lapsos legales.

  • La autoridad electoral desestimó las denuncias sobre irregularidades en el Registro Electoral y negó el escrutinio público de las papeletas.

  • El oficialismo controló todos los organismos electorales.

  • La oposición fue incapaz de presentar candidaturas unitarias.

  • La candidatura de Cabello como desafío y compromiso de Chávez.

  • El número 2 se creía seguro en el portaviones de Chávez. 

  • Diosdado en carne y hueso.

  • Los problemas de la familia Cabello.

  • La abstención golpea fuerte a Chávez, sobre todo, si el segundo de la revolución no gana limpiamente.

  • La cuestión de la gobernabilidad. Su rescate pasa por restablecer la convivencia pacífica.

  • Chávez puede optar entre la convivencia o la confrontación.

  • Gobernabilidad, corrupción e ineficiencia en la agenda pendiente.


Abrumadora victoria de Chávez, fue la noticia. Se corresponde con el primer boletín emitido por el Consejo Nacional Electoral (CNE). No hay duda que el oficialismo conquistó la Alcaldía Mayor de Caracas y dos importantes gobernaciones que detentaba la oposición (Monagas y Bolívar). La oposición solo pudo arrebatarle la de Nueva Esparta, un pequeño estado turístico en el Caribe. Quedan en disputa Miranda,  Carabobo, Yaracuy y Anzoátegui.

Aparte de los análisis iniciales que se adelantan, el evento venezolano agrega interrogantes sobre Chávez y la revolución bolivariana. En Venezuela Hoy vamos a intentar  una presentación desde una perspectiva que puede ayudar a su comprensión: la participación del teniente Diosdado Cabello. Es el  personaje emblemático de la jornada. Fue el candidato seleccionado por Chávez  para la gobernación de Miranda. En los actos de campaña lo presentó como un hijo, confirmando la apreciación de que es su hombre de mayor confianza. Chávez le encomendó el mayor reto de la revolución: sacar de la Gobernación a Enrique Mendoza, el hombre fuerte de la oposición.

Mendoza dirigió la Coordinadora Democrática, asumiendo papel protagónico en el movimiento cívico que llevó adelante el intento de revocar el mandato presidencial. Miranda es un estado de enorme importancia. En su territorio está enclavada media  Caracas y sus ciudades dormitorio. En el Este, bajo jurisdicción de Miranda, habita la numerosa y aguerrida clase media que asumió protagonismo frente a Chávez. Miranda aportó los mayores contingentes humanos en las legendarias manifestaciones de calle contra el Comandante. Las policías de Miranda y de sus municipios, gobernados por la oposición, garantizaban el desarrollo pacífico de las manifestaciones.

En Agosto del 2000, Mendoza fue reelecto Gobernador de Miranda con más del 60% de los votos, porcentaje superior al obtenido el mismo día por Chávez.  Derrotar a Mendoza fue un proyecto concebido y dirigido personalmente por Chávez, como golpe de gracia a la oposición. Encomendó la empresa al teniente Cabello, quien declaró que el reto era difícil, “pero la abstención me va a favorecer”.

La abstención formalmente favoreció a los candidatos chavistas. Fue factor determinante en los resultados del domingo. No es un fenómeno nuevo,  pero esta vez el gobierno y especialmente el CNE la promovieron.  La oposición colaboró con sus contradicciones e incoherencias.

LOS ERRORES DE LA OPOSICIÓN

A partir del frustrado referendo revocatorio (RR), los opositores concentraron sus esfuerzos en la denuncia del fraude, discurso que complacía a los sufragantes del SI, en su mayoría convencidos que les habían robado el voto, y carecía de sentido, por tanto, prestarse a otro fraude. Hasta finales de septiembre estuvieron confrontándose las opciones de participar o llamar a la abstención. Esta última tesis tomó fuerza cuando el CNE ratificó la convocatoria fuera de los lapsos legales violando disposiciones de la Ley del Sufragio según las cuales el Registro Electoral debe cerrarse 90 días antes de las elecciones y publicarse con anticipación de 60 días al evento. El argumento de la abstención adquirió sentido ético para quienes la propugnaban.

Fue incoherente solicitar garantías de transparencia y anunciar simultáneamente la voluntad de concurrir a cualquier precio para “defender los espacios de poder”. El CNE entendió que podía desestimar las denuncias sobre las irregularidades en el Registro Electoral. Se negó al escrutinio público de las papeletas que contienen el voto marcado en las máquinas y preservó el control por el oficialismo de los centros y mesas electorales. Los voceros de la oposición, en intento de revertir la tendencia abstencionista, terminaron por declarar, ocho días antes de los comicios, que existían condiciones adecuadas para ir a las elecciones. Simultáneamente candidatos con audiencia nacional, renunciaban  aduciendo que no se prestarían a un nuevo fraude y en los medios se daba acogida a la tesis de la abstención como instrumento para deslegitimar a Chávez.

El otro aporte poderoso a la abstención fue la incapacidad de los opositores para presentar candidaturas unitarias, especialmente en Estados y Municipios donde el CNE reconoció altos niveles de votación por la revocación del mandato presidencial. Con los resultados preliminares que se conocen, la oposición, unida y motivada, habría ganado diez u once de las Gobernaciones. La apreciación será obvia con los resultados finales que dará el CNE y seguramente será esencial en el análisis y desarrollo de la política electoral del gobierno y de la oposición. Por las primeras declaraciones de la Coordinadora Democrática dá la impresión que su prioridad es un nuevo CNE. ¿Podrá lograrlo?

La candidatura de Cabello en Miranda era un desafío y Chávez lo asumió como propio. Es innegable que el “chavismo” constituye una poderosa fuerza política en todo el país. En territorio mirandino están las urbanizaciones habitadas por el grueso de la clase media caraqueña, pero las colinas vecinas configuran el  más populoso cinturón de miseria que bordea a Caracas. Allí, como en la numerosa población que en la periferia de las grandes ciudades del interior, habita y padece condiciones de vida similares, ha calado hondo el mensaje de solidaridad con los pobres. El aval del mensaje son las “misiones”, alimentadas por los abundantes petrodólares y la identificación emocional con el carismático mensajero. Chávez, acompañado por Cabello entregó personalmente viviendas, créditos, becas, tierras, recibió los “papelitos” que demandan ayudas, escuchó y ofreció atender  las peticiones, e insistió en que todos los problemas serían resueltos al asumir el nuevo Gobernador, al cual daría todos los recursos financieros que requiriese. Para  el número dos de la revolución no  fue difícil ocupar sitio de honor en el portaviones de su jefe.

LA CANDIDATURA DEL DELFÍN

El periodista Juan Carlos Zapata logró una entrevista que tituló Diosdado Cabello en carne y hueso. Con impresionante franqueza Cabello y su esposa admitieron que el problema no era solo ganar, sino “conquistar la clase media”. La esposa  confesó que no pudieron seguir viviendo en Cumbres de Curumo  (zona residencial de la clase media) por la hostilidad del vecindario. “Para los hijos el problema ha sido más que duro. Pasaron por cuatro colegios y siempre tuvieron el rechazo de los compañeros”. La señora Cabello lamenta que la familia no pueda ir al cine, aunque los muchachos lo piden. Explica la solución que encontró Diosdado para estar juntos, fuera de la casa, sin ser objeto de molestias: salir todos en el automóvil, manejando Diosdado, y pasear por los campos vecinos con las ventanas obscuras y cerradas. Los hijos han internalizado el conflicto. La hija se presenta como Daniela Contreras (el apellido de la madre). El hijo, quien lleva el nombre del padre, en el colegio se llama Tito.

La revolución ha obtenido una victoria electoral, consolidando el control del poder. Pero la abstención golpea fuerte a Chávez. Hace diez semanas llevó a las urnas electorales seis millones de partidarios, según las cifras del CNE, avaladas por OEA y Centro Carter. Recorrió el país de pueblo en pueblo con la consigna: “quien no apoye mis candidatos, no está conmigo”. A pesar de eso y no obstante el despliegue  de las “misiones” y el evidente ventajismo, sólo atendieron la convocatoria alrededor de tres millones de partidarios. Un número no muy superior al que obtuvo la oposición. Ciertamente las elecciones del domingo son un nuevo ingrediente para el estudio del fenómeno Chávez. Sobre todo, si el número dos no logra llegar a la Gobernación de Miranda en el portaviones del jefe.

Para Diosdado está pendiente el resultado final de su aspiración a Gobernador de Miranda. Para su familia queda pendiente el derecho de la hija a llamarse Daniela Cabello y del hijo a que lo llamen por su nombre, Diosdado, y no Tito. El teniente advirtió que su problema es conquistar la clase media. Cierto, pero en términos más precisos, su problema sería el mismo del régimen: la gobernabilidad. El rescate de la gobernabilidad pasa por restablecer la voluntad de los venezolanos para convivir pacíficamente. Chávez tiene apenas unos días para demostrar si quiere la convivencia o insiste en la confrontación.

  En su Aló Presidente posterior al RR, Chávez manifestó que la revolución confrontaba tres grandes problemas: gobernabilidad, corrupción e ineficiencia administrativa. “El problema de la gobernabilidad –dijo- se resuelve ganando las gobernaciones y  alcaldías controladas por la oposición”. En nuestra opinión está equivocado ya que la gobernabilidad se ha hecho ahora más compleja y difícil. Además,  la corrupción se ha erigido en razón de estado y es patética la ineficiencia de la  burocracia. Si es acertada esta apreciación, la revolución bolivariana terminó de consolidar unas inmensas cuotas de poder, pero mantiene en la agenda de asuntos pendientes la gobernabilidad, la corrupción y la ineficiencia para gestionar los asuntos públicos.

 

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