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Enero 16, 2005

Historia de amores difíciles


Resumen:

  • Reunión de Chávez y Uribe en Cartagena.

  • Importantes acuerdos de integración energética. Cinco días después se produjo la detención de Rodrigo Granda.

  • Fidel Castro intervino, en noviembre del 2000,  para resolver la crisis más peligrosa que se había presentado en las relaciones de Chávez con Colombia.

  • En aquella ocasión actuó como mensajero el embajador Julio Londoño.

  • Las relaciones entre Chávez y Uribe habían sido frías pero cordiales.

  • El caso Granda retorna la situación a la historia de los amores difíciles.

  • Bogotá amenaza con pruebas sobre protección del gobierno venezolano al “canciller” de las FARC.

  • Al descubierto la entrega de identidad venezolana a miles de guerrilleros.

  • Diciembre fue un tiempo productivo para el mapa estratégico de la revolución.

  • Dividendos de la guerra contra el latifundio.

  • Los primeros efectos de la Ley Mordaza: autocensura y flagelación.

  • Habla la Iglesia Católica: Retroceso en derechos humano; restricciones legales a la libertad de opinión; concentración de poderes que abre puertas a una dictadura legal.

  • El caso Granda concentra atención nacional e internacional.

  • El áspero diálogo entre Chávez y Bogotá produce inquietud.

  • ¿Intervendrá Fidel Castro, como lo hizo en el año 2000?


Mejorar las relaciones con Colombia fue uno de los objetivos estratégicos señalados por Chávez, el pasado 12 de noviembre, en la reunión donde delineó la nueva etapa de la revolución. Como testimonio dio cuenta de la amistosa reunión con Uribe, tres días antes,  con significativos acuerdos de integración energética binacional. Historia de  amores difíciles ha sido la relación de Colombia con Chávez, escribió Guillermo Fernández de Soto, excanciller colombiano. La historia, en general,  se alimenta de imprevistos. Cinco semanas después del encuentro en Cartagena, se produjo la detención del jefe guerrillero Rodrigo Granda.

En 1999, cuando Chávez asumió la Presidencia, nadie  ignoraba lo que sería la relación con Colombia.  Con palabras y hechos, el Comandante había proclamado siempre su plena identificación con la guerrilla. Al asumir la Presidencia, en su primera rueda de prensa (7 de febrero de 1999) afirmó: “somos neutrales frente al conflicto interno del país vecino” Una semana después lo reiteró en visita a la frontera: “no vamos ni a un bando ni a otro” (15 de febrero de 1999). En las vísperas del primer encuentro con Pastrana proclamó que los intentos de la Casa de Nariño para dialogar con la guerrilla era un reconocimiento a su estatus de beligerante (10 de octubre de 1999). En respuesta,  Pastrana suspendió el encuentro. Fue abaleada en Caracas la residencia del embajador colombiano y lanzadas bombas explosivas al Consulado. (27 de octubre de 1999). Creció la tensión  con el protagonismo que asumió Chávez  contra el Plan Colombia y su notoria permisividad frente a la acción  guerrillera desde territorio venezolano. En noviembre del 2000, se estuvo a un paso de ruptura de relaciones por la invitación de guerrilleros colombianos a eventos del oficialismo, con el trasfondo de nuevos incidentes fronterizos y hechos notorios de ayuda a la guerrilla por parte de Chávez. Se hizo presente el caso Ballestas, jefe del comando del ELN que secuestró un avión de Avianca. Se refugió en Venezuela con protección de las autoridades. El presidente Fox trató de mediar, inútilmente.

Fue Fidel Castro quien actuó como apaga-fuego. Llamó a Chávez a La Habana,  para expresarle preocupación por la escalada en el deterioro de las relaciones. Luego de la reunión, Castro se puso en contacto con el embajador de Colombia, Julio Londoño y le dijo que Chávez quería entrevistarse con Pastrana para trasmitirle su decisión de mejorar “el marco de las relaciones”. Le anticipó su “impresión” de que el gobierno venezolano extraditaría a Ballestas.  Le pidió a Londoño que viajara a Caracas para hablar con Chávez. A partir de la intervención de Fidel vino una luna de miel entre Chávez y Pastrana.

El nuevo “marco de relaciones” sobrevivió a la diplomacia de micrófono, a nuevos incidentes fronterizos, al continuado apoyo de Chávez a la guerrilla, y tuvo su prueba de blindaje el año 2002.  Colombia le dio asilo  a Pedro Carmona  y Chávez lo concedió, atendiendo a la sugerencia de Fidel Castro.

La luna de miel prosiguió con Uribe. El primer encuentro tuvo lugar en Santa Marta (13 de septiembre de 2002). A las preguntas de periodistas sobre diferencias, Chávez respondió  tajante: “el presidente Uribe y yo somos hermanos, juntos para siempre”. El Tiempo de Bogotá no desestimó el rumor de que el legendario Tiro Fijo se encontraba en un hospital venezolano, sometiéndose a tratamiento médico, y que Venezuela era zona de alivio para la guerrilla, pero en nota editorial recomendó “convivir con el incómodo vecino”.  Hasta ahora, lo que Fidel llamó “marco de relaciones”,  ha tenido altos acentuados y bajos profundos.

El caso Granda retorna la relación a la historia de los amores difíciles. Fidel Castro puede estar preocupado. El caudillo cubano no oculta su convicción de que la lucha armada en Colombia está agotada. Es quien puede convencer a  Chávez de que los intereses comunes imponen privilegiar la relación con Uribe. Con una salida decorosa para Caracas y Bogotá, y respetando  la necesidad que tiene Chávez de distraer la atención  de circunstancias adversas, como serían: a) las pruebas que puede presentar Bogotá sobre la protección del gobierno venezolano al canciller de las FARC y a otros importantes integrantes de la guerrilla; b) la evidencia, con el caso Granda, de que  la “Misión Identidad”, mediante la cual se incrementó en dos millones el registro electoral para el revocatorio, efectivamente fue puerta abierta para que miles de guerrilleros colombianos obtuvieran cédula de identidad venezolana; c)  el ruido  con altos decibeles  que requiere Chávez para crear una cortina que oculte la ineficiencia y podredumbre del sistema policíaco-militar que los venezolanos ven como soporte fundamental de la revolución.

LA REVOLUCIÓN NO TOMA VACACIONES

En el cónclave del 12 de noviembre, el teniente coronel exigió rapidez en la ejecución de las tareas revolucionarias. “Para nosotros, diciembre no es mes de vacaciones, es para la lucha revolucionaria”. Sus parlamentarios lo acataron disciplinadamente. Designaron el nuevo Tribunal Supremo para garantizarle al presidente el control absoluto de toda la judicatura. Aprobaron la Ley Resorte, o Ley Mordaza, para hacerle frente a la “conspiración mediática”. En la primera sesión del nuevo año aprobaron una reforma del Código Penal que incluye principios del derecho de guerra, criminaliza la disidencia, aun en sus expresiones mas inocentes y recrea los antiguos delitos de opinión, imponiéndoles severas penas. El presidente, por su parte, puso en vigencia un convenio con Cuba sobre asistencia en materia penal. A partir del 22 de diciembre pasado (publicación en Gaceta Oficial) Cuba y Venezuela se prestarán asistencia mutua en prevención, investigación y enjuiciamiento de delitos, y en los procedimientos relacionados con cuestiones penales.

La guerra contra el latifundio le está dando excelentes dividendos a la revolución, más en la opinión internacional que dentro del país. El latifundismo fue liquidado en Venezuela en la década del  60, mediante una  Ley de Reforma Agraria.

Según el último censo, en Venezuela existen 510.000 unidades de producción agropecuaria y apenas 4.945 exceden de mil hectáreas. Lo que caracteriza el medio rural es la pequeña y mediana propiedad. Sin embargo, la guerra contra el latifundio es apreciada por la “izquierda de caviar” que encabeza Le Monde Diplomatique,  como una gesta similar a la de Emiliano Zapata en México, y Los Sin Tierra del Brasil le piden a Lula que tenga el coraje de Chávez para enfrentar a los latifundistas.

La Ley Resorte también produce dividendos a la revolución. Aparte de la notoria autocensura en  las radios y televisoras privadas, empezaron ya los medios a trasmitir 60 minutos diarios de mensajes elaborados por oficinas gubernamentales. Los primeros mensajes han sido para promover las bondades de la que los medios denunciaron como Ley Mordaza.

¿INTERVENDRÁ FIDEL CASTRO?

El  2005 amenazó comenzar con un nuevo enfrentamiento de Chávez con la Iglesia Católica. Es la institución que conserva mayor respetabilidad en la crisis venezolana y ha logrado preservar, a lo largo de seis años, su compromiso de promover los valores cívicos, propios del cristianismo. En la asamblea ordinaria de la Conferencia Episcopal Venezolana habló el Nuncio, Monseñor André Dupuy. Habló igualmente el Presidente de la Conferencia, Monseñor Baltazar Porras y la Conferencia produjo un documento. El diálogo y la reconciliación eran temas ineludibles. Para el Nuncio lo que la Iglesia pide, como actor de tal proceso, es que se le garantice el derecho a decir la verdad, aun cuando esa verdad contradiga la del Estado. Porras  saludó el diálogo, pero mostrando preocupación por los hechos de la vida nacional que contradicen el propósito. Sus preocupaciones las recogió el documento final de la Conferencia: la reforma del Código Penal es un retroceso en materia de derechos humanos y un instrumento de intimidación a la disidencia;  la restricción a la libertad de opinión, aunque sea mediante leyes, impide el conocimiento de la verdad, que no es monopolio de ningún sector. La revolución ha sido siempre muy sensible a los llamados de atención por parte de la Iglesia, pero esta vez sus voceros más calificados (Chávez y Rangel) respondieron con la furia de los viejos tiempos. Les exasperó la denuncia de que la concentración de los poderes públicos está abriendo la puerta a “una dictadura bajo la apariencia de legalidad” y la petición de indulto a los presos políticos.

Como ya es común en los seis años de gobierno revolucionario hay siempre nuevos y ruidosos escándalos que diluyen los anteriores. Esta vez, el agravamiento del conflicto con Colombia vino a ocupar todo el escenario. El áspero diálogo entre Chávez y la Casa de Nariño empieza a inquietar. Iniciamos el Informe recordando que pasadas amenazas de incendios en las praderas que definen límites entre  Venezuela y Colombia,  las apagó a tiempo Fidel Castro. ¿Intervendrá esta vez? Para las revoluciones cubana y bolivariana, hoy asociadas, es importante “el marco de la relación” entre Venezuela y Colombia.

 

DEMOCRACIA Y DESARROLLO
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