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Marzo
31, 2002
Poder,
narcotráfico y corrupción
Resumen:
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Las denuncias sobre corrupción del régimen
terminaron por integrarse a lo cotidiano.
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Lo novedoso es que ahora plantean el tema
funcionarios del más alto nivel.
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La Asamblea Nacional puso al descubierto un
escándalo de marca mayor, en la región nativa del
Presidente.
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Luego, el Ministro de Interior denunció a un
magistrado del Tribunal Supremo como autor de graves
hechos de corrupción y éste dijo que el poder
judicial estaba penetrado por el narcotráfico.
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El magistrado denunciado, Luís Velásquez Alvaray,
añadió que los servicios de inteligencia del Estado,
también se encuentran penetrados por el
narcotráfico, al más alto nivel.
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Hermano del Ministro del Interior reconoció que un
banco en problemas, le había cedido un grueso
paquete accionario a cambio de gestionar depósitos
de entes públicos.
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La Sala Electoral del TSJ dictó una sentencia cuya
interpretación lógica es que Chávez no reúne las
condiciones de elegibilidad impuestas por la
Constitución.
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En las encuestas que intentan dibujar un candidato
ideal para la Presidencia, la honestidad ocupa el
primer lugar.
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Un 63% de los electores no votaría por la
reelección.
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Cada vez existe más conciencia de que se requieren
condiciones transparentes, que ahora no existen,
para que se realice el proceso electoral.
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El eventual candidato de unidad debe convertirse en
centro de confluencia del país.
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Hay que facilitar espacios de diálogo para llegar a
acuerdos fundamentales que permitan un clima de paz.
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La Iglesia Católica está dispuesta a contribuir para
hacer posible lo que parece imposible.
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Salmos 34 y 36.
Las denuncias de
la oposición sobre corrupción del régimen han sido tan
frecuentes que terminaron por integrarse a lo cotidiano.
Los medios de comunicación han especializado sus mejores
reporteros en la investigación de los casos más sonados.
Instituciones europeas dedicadas a estudiar globalmente
la transparencia de la gestión pública, colocan a
Venezuela en las escalas más negativas. Por Internet
circulan mensajes sobre los signos externos de riqueza
que ofrecen integrantes de los grupos de poder surgidos
bajo el paraguas de la revolución: mansiones y vehículos
lujosos, disfrute de jets ejecutivos y yates, fiestas
rumbosas que aparecen en las páginas sociales de los
grandes diarios. A las acusaciones de enriquecimiento
ilícito no ha escapado la familia presidencial. En la
Fiscalía y en los tribunales reposan centenares de
denuncias pero hasta ahora ningún revolucionario ha sido
objeto de condena. Sin embargo, al Presidente parece
preocuparle el tema. Varias veces ha dicho que los
enemigos de la revolución son la burocracia y la
corrupción. Habría que agregar la impunidad. Los
órganos del poder público desestiman las denuncias y los
hechos notorios. “Es una herencia maligna de la vieja
política que no hemos podido liquidar”, repite a
menudo el editorialista de Vea, el diario del
oficialismo. Lo novedoso es que el tema lo plantean
ahora funcionarios del más alto nivel, cruzándose
acusaciones de extrema gravedad. La corrupción al
interior del régimen se ha constituido en noticia de
primera plana a lo largo de varias semanas.
Lo que estremece
a la opinión pública es que la Asamblea Nacional, cuyos
integrantes proclaman ser un grupo monolítico de
respaldo a Chávez, puso al descubierto un escándalo de
marca mayor. Investigó el manejo financiero de un
proyecto de central azucarero en Barinas, la región
nativa del Presidente. Los comisionados para investigar
dijeron haber encontrado irregularidades, de las cuales
eran responsables el Ministro a cargo de la lucha contra
el latifundio, militares de diversos grados y
funcionarios civiles. Por motivos que nadie tiene
claros, dejaron entrever que en la desaparición o
malversación de 3.400 millones de bolívares (US$
1.680,000) estaban involucrados familiares del
Presidente y los técnicos cubanos que dirigen el
proyecto. El Ministro fue sustituido y el Fiscal General
se adelantó a proclamar su inocencia. Algunos analistas
interpretaron que era un teatro montado por el régimen
con fines electorales. Chávez, en Aló Presidente,
hizo alusión al caso, proclamándose implacable en el
combate a la corrupción y garantizando que los técnicos
cubanos estaban libres de toda sospecha.
La creencia del
montaje teatral cambió con una rueda de prensa ofrecida
por el teniente Chacón, Ministro de Interior y Justicia.
Los periodistas se quedaron asombrados cuando Chacón
informó que los había convocado para denunciar a un
magistrado del Tribunal Supremo, Luis Velásquez Alvaray,
como autor de graves hechos de corrupción. La réplica al
Ministro transformó el asombro en estupor. Velásquez
afirmó que como Director Ejecutivo de la Magistratura
durante los dos últimos años, trató de sanear la
administración de justicia, pues la encontró penetrada
por el narcotráfico.
Según Velásquez,
las mafias le cobraban la destitución de 400 jueces
ligados al comercio de drogas, implicados en venta de
sentencias y hechos similares. El narcotráfico –dijo-
está penetrando todas las instituciones y entre las más
penetradas se encuentran el Poder Judicial y los
servicios de inteligencia del Estado. Una mafia,
denominada la Banda de Los Enanos, -agregó- cuyos
integrantes conocen el vicepresidente Rangel y el
Presidente de la Asamblea Nacional, controla los
Tribunales de Caracas y otras jurisdicciones. En el
contraataque denunció que un hermano del Ministro Chacón
se convirtió en socio de un banco, nacido a la sombra de
la revolución, que prospera con la colocación de dineros
del Estado. Declaró igualmente, que tiene pruebas sobre
los manejos dolosos del alto gobierno y quisiera
presentarlas a Chávez. “Si caigo, arrastraré conmigo a
unos cuantos”, amenazó. Nadie duda que caerá, pues fue
sentenciado en Aló Presidente, y las pruebas de
Chacón son convincentes, aunque también el señalamiento
de Velásquez sobre el hermano banquero del Ministro,
quien reconoció que una institución financiera, en
problemas, le había cedido un grueso paquete de acciones
a cambio de gestionar depósitos de entes públicos.
¿Hasta dónde
llegará el espectáculo? Nadie lo sabe. La Sala Electoral
del Tribunal Supremo dictó ayer una sentencia cuya
interpretación lógica es que Chávez no reúne las
condiciones de elegibilidad impuestas por la
Constitución ¿Fuegos artificiales? ¿Chavismo sin Chávez?
¿Resquebrajamiento al interior de la revolución? La
Comisión parlamentaria que activó el ventilador dio un
viraje de ciento ochenta grados. Anunció que la mayoría
de las denuncias recibidas carecen de soporte, y que
siendo imprescriptible el delito de corrupción, en
resguardo de la ética administrativa, la Asamblea se
dedicará a investigar lo ocurrido en 20 años. “Es una
cruzada contra la impunidad”, afirmaron. El
régimen sustituye los personajes en el banquillo por
figuras de la oposición que ejercieron funciones
públicas. Difícil objetivo, pues el ventilador lo
activaron los jefes estadales y municipales del chavismo,
en combates feroces por cuotas de poder, con un grito
de guerra: los corruptos que se nos han infiltrado
pueden acabar con la revolución. Aparte del espectáculo,
que deja al descubierto los tremendos conflictos
internos del chavismo, resaltó una cuestión de fondo: la
relación del narcotráfico y el poder en la Venezuela
bolivariana.
¿Es
derrotable Chávez?
La corrupción
constituye una paradoja en la historia venezolana. En el
siglo pasado los cambios violentos o pacíficos en el
poder tenían como bandera o consigna extirpar el
flagelo. Fue el gancho más atractivo de la plataforma
ofrecida por Chávez cuando ganó las elecciones en 1998.
¿Logró la revolución sacar el tema de la agenda
nacional? El fenómeno Chávez es objeto de estudio como
un nuevo modelo del populismo latinoamericano. La
admiración del teniente coronel por Juan Domingo Perón
es manifiesta, al punto que celebró los 60 años de su
primera elección con actos similares a los promovidos en
Buenos Aires. Columnistas de prensa aprovecharon para
recordar las pancartas de grandes manifestaciones
populares del justicialismo: Ladrón o no ladrón,
queremos a Perón. La modalidad de gobierno adoptada
por Chávez alimenta cualquier clase de ilícitos en la
gestión pública. Aparentemente es instrumento para
garantizar lealtades pero el reclamo de honestidad sigue
vigente. En las encuestas que intentan dibujar un
candidato ideal para la Presidencia, que sea
honesto, ocupa el primer lugar.
Se abre paso la
tesis de que la oposición tiene oportunidades de
imponerse sobre Chávez en las urnas electorales. Alfredo
Keller, uno de los investigadores de opinión mas
respetados, informó que en estudio reciente aparece un
63% que no votaría por la reelección. Agregó que aumenta
notablemente el porcentaje de quienes consideran la
corrupción como el principal problema. Significa que se
agregó un nuevo factor a las necesidades mas sentidas.
En escenario democrático no sería aventurado un
pronóstico. En la realidad nacional tendrían que darse
condiciones que ahora no existen, las que aconsejaron la
OEA y la Unión Europea (Venezuela Hoy 14 y
19 de diciembre pasado).
Al mismo tiempo,
tendría que superarse la matriz de opinión según la cual
es difícil imaginar a Chávez entregando las insignias de
la presidencia a quien lo derrote en las urnas
electorales. Son varios los desafíos para hacer del 3 de
diciembre una oportunidad de cambio: 1) enfrentar la
matriz de opinión que predispone a la abstención como
instrumento que ilegitime la reelección; 2) convencer a
los inconformes con el régimen de que Chávez es
derrotable; 3) lograr condiciones que restablezcan la
confianza en el voto como instrumento para expresar la
voluntad política y 4) una candidatura de unidad para
competir con Chávez. El candidato de Primero Justicia,
Julio Borges, y Teodoro Petkoff, cuyo lanzamiento está
previsto para mediados de abril, son los nombres más
visibles, hasta ahora, como gladiadores dispuestos al
desigual combate. Se concentran en la exigencia de las
condiciones indispensables para garantizar la
confiabilidad en el árbitro y en el sistema electoral.
Argumentan contra la tendencia a la abstención y
empiezan a señalar los lineamientos de una campaña
eficaz contra el líder de la revolución. Ambos
manifiestan disposición a un acuerdo de unidad.
¿Es derrotable
Chávez? Los intelectuales se han constituido en
muralla que Chávez no ha podido franquear. En foros y
entrevistas hacen propuestas sobre como derrotarlo: un
discurso que tome el tema de la pobreza como el foco del
planteamiento; construir una esperanza que incluya a los
desposeídos, receptores actuales de las dádivas pero
inconformes con la situación. Lo importante, dicen, es
un proyecto creíble de lo que puede ser una política
distinta a la que se está ejecutando. Sugieren al
eventual candidato de unidad convertirse en centro de
confluencia del país, en garantía de una transición
pacífica. Petkoff, en entrevistas de televisión, afirma
que está consciente de que un nuevo Presidente
encontrará todas las instituciones controladas por
afectos a Chávez y expone sus criterios sobre como
insertarlas en un esquema democrático.
El rector de la
Universidad Católica, Luis Ugalde, habla a menudo y sus
opiniones interpretan a la sociedad civil. Integra una
comisión designada por la Conferencia Episcopal para
acompañar al “pueblo
venezolano en este año electoral, facilitando espacios
de diálogo entre los distintos actores para que lleguen
a acuerdos fundamentales y se genere un clima de paz”.
Según Ugalde parece una misión imposible, pero confía en
que la mayoría de los venezolanos quiere vivir en
democracia y prosperar, superando la pobreza y la
exclusión. La Conferencia Episcopal recibió un
espaldarazo del Cardenal Urosa, quien fue recibido, a su
regreso de Roma con honores de Jefe de Estado. El
comportamiento y las palabras del nuevo Cardenal fueron
elocuentes. La Iglesia Católica esta dispuesta a
contribuir para que sea posible lo que parece imposible.
(Salmos 34 y 36)
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