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Septiembre 28, 2006
Los
Escenarios Electorales
Soy el único que puede gobernar al
país, afirmó Chávez el domingo 24. Es el nuevo mensaje
de su campaña electoral. La información y la publicidad
gubernamentales, apabullantes, ponen acento en que el
pueblo no está dispuesto a dejarse arrebatar los
programas sociales, en el compromiso de la Fuerza Armada
con la revolución bolivariana y en el potencial de la
Reserva castrense, entrenada para la guerra asimétrica
contra la esperada invasión de tropas norteamericanas, y
por tanto, “para regar con sangre el suelo patrio
defendiendo la revolución y a su líder”. El Comandante
de la Reserva Militar y Movilización Nacional, declaró
recientemente: “El enemigo no sólo está fuera de las
fronteras, está dentro con rostros diferentes”. El
periodismo de investigación ha puesto al descubierto la
apropiación por el oficialismo de una gigantesca red de
medios de comunicación, la existencia de las
autodenominadas Fuerzas Armadas Bolivarianas, siguiendo
el modelo de las FARC, la presencia en territorio
nacional de una estructura militar cubana, los indicios
de conexión entre dirigentes chavistas y bandas de
delincuentes para amedrentar políticamente en los
cinturones de miseria. El Presidente juramentó una
aparente milicia, denominada Frente Francisco de
Miranda, cuyos integrantes, según él, son entrenados en
Cuba y a quienes previno que deben adquirir experticia
en el manejo de los fusiles comprados a Rusia.
El nuevo mensaje ha sido interpretado
por analistas como reconocimiento de que Chávez valora
la fuerza que ha ido tomando la candidatura unitaria de
Manuel Rosales. Recientemente dijo: “todo indica que
vamos a ganar, pero repito la frase de Yogui Berra: el
juego no se gana hasta que no se hace el último out. No
podemos descuidarnos. La campaña ha entrado en calor”.
Su nuevo mensaje amenaza con la ingobernabilidad si
llegara a perder las elecciones. Es una amenaza que
Rosales no parece desestimar. Una de sus ofertas con
mayor motivación es la de hacer respetar el resultado
electoral. En lenguaje coloquial de su región nativa,
afirma: “Ganaré y cobraré”. Es un triple compromiso:
derrotar a Chávez, asumir la Presidencia y gobernar.
A dos meses de las elecciones, hay
una guerra de encuestas. Algunas muestran a Chávez
vulnerable, aun cuando mantiene un alto porcentaje de
intención de voto. En focus group aparece como
su punto fuerte que dos tercios de votantes
descalifican la gestión pública en áreas sensibles como
inseguridad, desempleo, corrupción, pero exoneran al
jefe del gobierno. “Chávez no lo sabe, él quiere ayudar
al pueblo, pero el equipo está lleno de incapaces”. En
cuanto a la geopolítica petrolera, simpatizantes,
adversarios y neutrales coinciden en que los recursos
del país deben destinarse a resolver los problemas
internos y no a los que existen en el extranjero. Shoen,
Penn and Berlan, empresa norteamericana, afirma que en
su estudio (trabajo de campo 26 de agosto 1 de
septiembre, la mayoría de los votantes están disgustados
con el trabajo del gobierno en los asuntos mas críticos
del país.”Esto deja a Rosales con una gran oportunidad
para exponer las razones de que es hora de hacer un
cambio.y atraer las personas detrás de su candidatura.
Serán elecciones más reñidas de lo que muchos se creen”,
declaró Douglas Shoen, autor del estudio.
Rosales y los líderes que lo
acompañan tienen que golpear duro el escudo mesiánico
que Chávez ha logrado crearse. A su favor existe el
hecho real de que durante el largo septenio aumentó la
pobreza, más de la mitad de la población activa
sobrevive a duras penas en el sector informal, y a
diario hay manifestaciones de coléricos “camisas rojas”
pidiendo que les cumplan las promesas de vivienda,
servicios públicos, protección ante la ola de
criminalidad y atención a las otras necesidades más
sentidas por la población. Igualmente, que la clase
media no sintoniza con el discurso revolucionario,
gruesos sectores del chavismo están en desacuerdo con la
idea de copiar el modelo cubano, son partidarios de la
propiedad privada y del pluralismo ideológico. Si el
escenario político fuera similar al de las otras
repúblicas latinoamericanas que eligieron o van a elegir
gobernantes, no cabe duda de que Rosales tiene evidentes
posibilidades de obtener los votos necesarios para
lograr el triunfo. Pero el caso venezolano, por
presentar características diferentes, hace necesario que
las misiones de observación de la Unión Europea y de la
OEA ejerzan la presión necesaria para que se cumplan sus
recomendaciones. A las misiones de observación no escapó
que el Presidente tiene el control absoluto de todas las
instituciones públicas, incluidos el Consejo Nacional
Electoral y el Tribunal Supremo. Ahora podrían constatar
que el proyecto reeleccionista se maneja como cuestión
de Estado, y que todas las instancias del poder acatan
cualquier papel que les sea asignado. Apreciarán que al
servicio de la reelección están las abundantes finanzas
de la nación, alimentadas por el petróleo y que sobre el
gasto público no hay control administrativo ni
parlamentario. El parlamento, integrado únicamente por
partidarios del gobierno da testimonio permanente de
sumisión a las órdenes de Miraflores. Tanto el
Contralor, como el Fiscal se precian, cada vez que
tienen oportunidad, de su compromiso con “el proceso”.
Son hechos que evidencian la naturaleza específica del
Caso Venezuela, y tienen que llamar la atención
de la comunidad democrática internacional.
LOS PELIGROS DEL PROTAGONISMO
MUNDIAL
Cuando Chávez subió a la tribuna de
la Asamblea General de la ONU, el miércoles 20, era ya
un personaje conocido por élites políticas y analistas
internacionales. Luego de su discurso
se convirtió en hombre noticia para los medios de
comunicación de los 5 continentes. De los improperios
que profirió contra Bush se ocuparon en EE.UU. los
medios escritos y audiovisuales, grandes, medianos y
pequeños, de una costa a otra, pero igualmente en el
resto del continente y en Europa. Coincidieron en que la
agresividad y las graves ofensas de carácter personal
contra el Presidente norteamericano habían desbancado al
presidente iraní Mahmoud Ahmanidejad, como enemigo
número uno de Washington. Apreciación válida, pues el
discurso de Chávez repercutió de inmediato en Oriente
Medio. El jueves 21, el líder de la milicia shii del
Hezbolá, Hassan Nasralá, en un acto en Beirut, le
testimonió su agradecimiento: “Sólo un gran hombre como
Chávez fue capaz de decir lo que dijo en la Asamblea
General de la ONU”. En los suburbios de Beirut, según
reportó AFP, aparecieron pancartas colocadas por Hezbolá,
donde se leía: “Gracias, Chávez”.
La retórica y el histrionismo de
Chávez en Nueva York, lograron mayor efecto mediático
que la Cumbre de los No Alineados y desplazó la
curiosidad por la salud de Fidel Castro. Las agencias de
prensa dieron repaso a la agenda cumplida por el
teniente coronel en las semanas anteriores.
El repaso noticioso dio cuenta de que
Chávez y el presidente iraní se reunieron en Caracas los
días 17 y 18, firmaron 29 acuerdos de cooperación y 5
alianzas bilaterales. El ministro venezolano Rafael
Ramírez, informó que Venezuela busca certificar que en
la Faja del Orinoco existe el mayor reservorio petrolero
del mundo, para lo cual cuenta con la colaboración de
Irán, China y Rusia. Agregó que las petroleras estatales
de Irán y Venezuela proyectan construir una refinería en
Siria. Chávez y Ahmadinejad inauguraron las operaciones
del primer pozo perforado por una empresa mixta
venezolano-iraní, y suscribieron una declaración
conjunta en la que expresan “posturas comunes con
respecto a las relaciones internacionales”.
RECLAMO DE ELECCIONES
TRANSPARENTES
Politólogos y analistas han tomado
más en serio a Chávez, su injerencia en la compleja
situación del mundo actual y el empeño en acceder al
Consejo de Seguridad. Igualmente ocupa su atención la
identificación del régimen chavista. Elementos de
referencia –por si hacían falta- los ha suministrado
abundantemente en el verano boreal el mismo Chávez.
Aparte de la alianza con Cuba, en la visita a
Bielorrusia, declaró que el gobierno de Alexander
Lukashenko, identificado como el último dictador de
Europa, se corresponde “con el modelo social que
nosotros estamos comenzando a crear” y habló de formar
una alianza estratégica entre los dos países. En breve
tiempo se hizo presente en Caracas una delegación
bielorrusa para firmar acuerdos de cooperación, con
acento en energía y armas. En Damasco se reunió con
Bashar Asaad, cuyo régimen admira, según declaró a la
prensa. Asaad es Presidente de Siria, “república
democrática, popular y socialista”, según lo proclama su
Constitución, y en la realidad, modelo de gobierno
presidencialista, autoritario, apoyado en partido único.
En Hanoi, elogió al régimen comunista de Vietnam como un
modelo de la revolución socialista y firmó un acuerdo
petrolero. Socialismo del siglo XXI es la propuesta de
Chávez a los venezolanos. Con partido único y
presidencialismo no sometido al principio de
alternabilidad. Sería una cuestión estrictamente
nacional, de no ser porque Chávez cree que el petróleo
venezolano le abre camino para asumir un papel de
liderazgo en la escena mundial.
Estos intrincados asuntos forman
parte de la necesaria reflexión frente al evento
electoral fijado para el próximo tres de diciembre.
Sectores calificados de la sociedad se muestran muy
preocupados por las consecuencias que puede acarrear a
Venezuela la política internacional y los delirios de
liderazgo mundial de Chávez. En buena medida es la
explicación del desarrollo espectacular que ha tenido la
candidatura de Rosales. Surgida de un acuerdo en el
liderazgo político, se ha convertido en confluencia del
país que toma conciencia del peligro que representa la
reelección.
Arturo Uslar Pietri, uno de nuestros
grandes intelectuales, cuya prolongada existencia le
permitió vivir -o padecer- los primeros dos años del
régimen, afirmó que Chávez es producto y castigo del
petróleo. El poder y el petróleo han estado conectados
en los últimos 100 años. La candidatura de unidad
convoca a los sectores civiles al combate electoral por
el poder, en la confianza de que el petróleo puede ser
el instrumento para garantizar la gobernabilidad de una
presidencia civil.
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