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Octubre 16, 2006
Cambio De
Imagen Y De Mensaje
Chávez suspendió la agenda
internacional en solicitud de votos para el Consejo de
Seguridad y se dedicó a pedirlos para gobernar durante
los próximos 14 años. No enseña la Constitución, como lo
hacía en Aló Presidente, pues de acuerdo a la
misma, de ser electo, sólo podría gobernar 6 años más.
En 1998, cuando ganó la presidencia para un periodo de 5
años, recorrió el país, pueblo a pueblo, estrechando
manos, repartiendo abrazos y prometiendo acabar con la
pobreza y la corrupción. Ahora no camina las calles.
Utiliza como medio de transporte una “carroza”, donde le
rodean numerosos escoltas. Al frente del camión van
reporteros gráficos y camarógrafos, previamente
revisados con detectores de metales. En torno a la
carroza trotan anillos de seguridad, integrados en su
mayoría por individuos atléticos, que al hablar, para
que la gente se aparte, dejan oír el inconfundible
acento cubano. Al desplazamiento de la “carroza” abren
camino motorizados de la Casa Militar. En el momento
apropiado Chávez habla: “Estoy aquí por amor a ustedes,
por amor a la revolución. Todo lo he hecho por amor. Por
amor al pueblo me hice Presidente. He gobernado estos
años por amor. Aún hay mucho por hacer. Necesito más
tiempo. Necesito tu voto. Tu voto por amor”. Ese
discurso repite el contenido de una cuña publicitaria
trasmitida en la televisión y una media página en los
grandes diarios, donde al lado de los afectuosos textos
aparece Chávez con camisa azul, semblante distendido,
mirando al infinito. Al discurso agrega las tareas
pendientes: acabar con la corrupción y la ineficiencia,
que “han enfermado gravemente la revolución”.
Hay sorpresa por el cambio de imagen
y mensaje. Sobre todo, en los “camisas rojas” que dudan
si deben seguir llevándolas como distintivo. Los
humoristas sazonan sus crónicas y caricaturas, con el
mensaje de “amor”. Los analistas se preguntan las
razones de modificaciones tan abruptas en las semanas
finales de la campaña. Las explicaciones son variadas
pero parece evidente que Chávez percibe el ruido de la
calle. Rosales repite el esquema de campaña que hace 8
años le abrió las puertas de Miraflores a Chávez: camina
por las calles de los pueblos y se adentra en las
barriadas que se tenían como fortalezas del chavismo,
llevando su mensaje cara a cara, estrechando manos,
recibiendo abrazos y desafiando al “señor aquél” a que
haga lo mismo. Explica que no irrespeta al Presidente,
quien renunció a su nombre porque muchas veces dijo que
dejaría de llamarse Hugo Chávez si no cumplía sus
promesas. La televisión independiente muestra el
ambiente de simpatía con que es recibido el candidato de
oposición y trasmite la invitación: “bájese de la
carroza y venga a patear los barrios, como lo hago yo”.
El acto electoral de mayor impacto se produjo el sábado
7. Rosales convocó a una marcha que “desbordó las
principales avenidas del centro de Caracas”, según
reportaron las agencias internacionales. Agregaron: “la
mayor manifestación popular después del referendo
revocatorio. Los resultados electorales pueden ser una
sorpresa”. Efectivamente, Rosales le está disputando en
serio la Presidencia a Chávez.
AVANCES Y RIESGOS DE ROSALES
Rosales está derrotando la estrategia
de la abstención, que se impuso el 4 de Diciembre y
privó en la oposición hasta que se configuró la
candidatura de unidad. El inmenso bloque que disiente de
Chávez se reagrupa en torno a Rosales. ¿Superior al que
integran los que guardan fidelidad a quien les promete
el paraíso del socialismo siglo XXI? La lucha electoral
se desarrolla en el escenario mediático, donde Chávez
cuenta con numerosas televisoras, una extensa cadena de
radioemisoras y centenares de medios impresos e
informáticos, dedicados a promover su candidatura y
descalificar a Rosales. Es evidente que la red mediática
oficial no logró efectos convincentes, pues las agencias
de publicidad que llevan la campaña de la reelección
envían sus pautas a las televisoras y diarios
independientes. Algunos de estos medios, no obstante
amenazas y autocensuras como efecto de la Ley Mordaza,
procuran equilibrio informativo, lo cual es un punto a
favor de Rosales. Otro escenario es la guerra de
encuestas. Lo único creíble, por ahora, es que la mitad
de los electores se declaran indecisos. Los voceros de
Chávez dejaron de hablar de 10 millones de votos y ahora
se reducen a pronosticar “victoria aplastante”. Los de
Rosales afirman que las tendencias son prometedoras y
que en lapso breve tendrán los números a su favor. En el
escenario de la calle, Rosales aparece muy bien, según
lo revelan varias manifestaciones populares en el
interior del país, similares a las de Caracas. La
lectura correcta es que la oposición militante asumió la
bandera de Rosales.
Se ha producido el efecto
polarización. En ese esquema, ¿es derrotable Chávez? Se
trata de una campaña atípica. Chávez, además de las
autoridades electorales, tiene un electorado duro,
solidario con su proyecto político o simplemente
cautivado por el liderazgo carismático. Cuenta con un
abanico de opinión dubitativa, que lo mira con agrado
pero está en desacuerdo con un partido único, reelección
indefinida, modelo cubano, sociedad militarizada,
confrontación internacional. Tiene también el electorado
potencial de las misiones. Según analistas financieros,
el gasto gubernamental en el último trimestre rebasa los
$ 5.000 millones, aparte del que financia directamente
la petrolera estadal. En los barrios pobres han sido
creados consejos comunales que reciben asignaciones en
efectivo para distribuir entre los peticionarios de
ayudas o créditos. El régimen ha creado millares de
cooperativas populares que tienen prioridad para obtener
contratos de los organismos públicos o reciben
financiamiento para cualquier proyecto que presenten.
Como no existen organismos de inspección o control, ni
se exigen garantías de pago, “la corrupción que amenaza
como un cáncer a la revolución”, según palabras de
Chávez, adquiere las características de una metástasis.
A lo cual se agrega el sectarismo excluyente: para
beneficiarse de la petrochequera es indispensable
identificarse con la revolución. Es una clientela tan
impredecible como la de la burocracia. Puede terminar
apostando a ganador. Es la palanca electoral capaz de
catapultar a Rosales si convence de que ganará, cobrará
y gobernará. ¿Está dispuesto Chávez a entregar el poder
por vía electoral? Luís Ugalde, rector de la Universidad
Católica, hizo un exhorto a votar, como manifestación
masiva y militante del pueblo democrático, y respondió
la interrogante: si lo absoluto es la revolución, todo
lo demás es relativo, incluidas las elecciones. No
descartó que tal relativismo inspire errores de inmensa
gravedad, entre otros, un autogolpe o algo similar.
Tampoco es impensable que Rosales sea inhabilitado
políticamente. Los más radicales le recomiendan cuidarse
de un atentado criminal. La de Venezuela no es una más
de las elecciones del año en América Latina. Se juega
algo más que la reelección presidencial.
DERROTAS Y RIESGOS DE CHÁVEZ
Los errores en política internacional
empiezan a pasar factura. La derrota en la aspiración al
Consejo de Seguridad es respuesta a su actuación en la
ONU, en septiembre pasado. Hasta ese día, muchos,
llevados por rechazo a Washington, le ofrecieron apoyo.
Otros, alegaron deudas de gratitud. Aun con el
espectáculo de Nueva York, Chávez siguió alardeando
victoria en la primera ronda. El domingo 8, El
Mercurio de Chile, publicó un acuerdo desconocido,
entre Chávez y Evo Morales, sobre cooperación militar,
suscrito el 26 de mayo de 2006. Comprende bases
militares en las fronteras bolivianas, cuyo
financiamiento aportaría Venezuela. Se conviene en que
tropas venezolanas podrán ingresar a Bolivia para
“gestiones de crisis y “en acontecimientos nacionales
oportunos”. Simultáneamente, el Embajador en La Paz
afirmó: “si nos piden nuestra sangre o nuestras vidas,
estaremos aquí para defender la revolución”. La reacción
de los países que se sintieron amenazados fue
contundente, con Chile como paradigma. Bachelet,
contrariando pronósticos, anunció su abstención. Sin
anunciarlo, lo negaron, a la hora de votar secretamente,
un buen número de quienes aparecían en el listado de
Chávez.
Otro fracaso lo acaba de sufrir
Chávez en Ecuador. Contrariando las encuestas, su
candidato y admirador, Rafael Correa, fue derrotado en
la primera vuelta, a pesar de que la petrochequera
financió generosamente su campaña, según lo denunció
Noboa. Con Perú y México, la injerencia de Chávez en su
política interna ha creado una severa tensión
diplomática. En Nicaragua, Daniel Ortega y sus alcaldes
reciben combustible que venden por debajo de los precios
normales, dedicando lo recabado a la campaña, según
voceros gubernamentales. Es ostensible que Brasil,
Colombia, Uruguay, para mencionar tres países
suramericanos, interesados en la buena voluntad de
Chávez, se empeñan en marcar distancia de sus
extravagancias. Lo mismo hace la Unión Europea. La
prensa de Colombia y Brasil ha destacado informes de
consultoría militar, acreditados a nivel mundial, según
los cuales, Chávez se propone convertir a Venezuela en
una potencia militar, agregando al armamento ya
adquirido 150 aviones supersónicos, de 10 a 15
submarinos lanza misiles, naves de guerra, radares y
bombas guiadas por láser. El vicepresidente Rangel se
encuentra en Rusia firmando nuevos acuerdos. Ni Rusia ni
China aceptan vetos al armamentismo de Chávez, pero
parece claro que la comunidad internacional toma más en
serio la geoestrategia petrolera como instrumento para
adquirir protagonismo en el complejo escenario actual.
En las elecciones venezolanas se juega mucho más que la
Presidencia. Comparables sólo a las de México, aun
cuando la diferencia entre Chávez y Rosales es mayor a
la de Felipe Calderón y López Obrador. Éste es un
político civil con ideas radicales. Terminará por
someterse a las reglas democráticas, sobre todo, después
de la lección recibida en su feudo de Tabasco. Chávez,
en contraste, es un soldado que presume de
revolucionario. Con palabras de Ugalde, las reglas
revolucionarias son relativas. Se aceptan o no.
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