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Octubre 31, 2007
Un Fraude “Constitucional”
Con el tradicional ¡Uh, ah, Chávez
no se va!, la Asamblea Nacional (AN) aprobó el
artículo que permite la reelección indefinida del
Presidente, con mandatos de siete años. No hizo coro un
grupo chavista (Podemos) que reivindica la naturaleza
democrática del socialismo. Los demás parlamentarios, de
pie, con prolongados aplausos parecían empeñados en
ganar tiempo para que los enfocaran las cámaras de
televisión en testimonio de fidelidad al teniente
coronel. En los derechos de palabra para justificar el
respaldo a la perpetuación de Chávez, los asambleístas
coincidieron en la conveniencia de mantener al mismo
líder hasta que pueda hacer realidad el proyecto de
socialismo siglo XXI. Argumentaron que sólo él conoce el
mapa de la ruta a recorrer y tiene las habilidades y la
firmeza al timón para conducir exitosamente la
revolución bolivariana. El vocero de la bancada
oficialista, Mario Isea, expresó: “le damos al líder la
posibilidad de seguir dirigiendo y nos damos a nosotros
la posibilidad de seguir disfrutando de ese liderazgo”.
La AN aprobó las propuestas de Chávez, excepto tres, que
supuestamente fueron objetadas por la cúpula militar, y
agregó nuevos artículos, todos orientados a configurar
el estado socialista y fortalecer los poderes del
Presidente. Las misiones, (los operativos electorales de
impacto social que Chávez ha manejado con apabullante
ventajismo) tendrán rango constitucional, “como forma
alternativa de administración pública”. El Contralor de
la República señaló tímidamente que la coexistencia de
dos formas de administración dificulta el seguimiento y
evaluación de los programas, pero la AN complació la
exigencia presidencial de no limitarlas por leyes. Se
regirán por reglamentos del Ejecutivo .y serán
financiadas por asignaciones del Presupuesto y los
“excedentes petroleros”. La reforma elimina la autonomía
del Banco Central y faculta al Presidente para
administrar las reservas internacionales, fijar la
política monetaria, la política cambiaria, las tasas de
interés y todo cuanto tenga que ver con la planificación
y control de la economía. En la materia, la reforma
establece 27 nuevas atribuciones presidenciales. El
presidente queda autorizado para crear o suprimir
provincias, municipios, ciudades comunales, distritos
funcionales, regiones marítimas y otras formas de
reordenación territorial, cuyas autoridades designa o
remueve. La AN acogió las propuestas sobre propiedad
mixta, empresas de producción social, poder popular,
área educativa, política internacional y se reserva una
revisión final, después del referendo, para adaptar los
artículos no modificados al nuevo espíritu de la
Constitución.
Los juristas coinciden en que la
reforma es un fraude constitucional. Los estudiantes se
lanzaron a la calle, bajo un torrencial aguacero, para
llevar a la AN un documento proponiendo posponer el
referendo. Su líder mas notorio, Jon Goicochea, debió
ser transportado en vehiculo militar para entrar al
parlamento. A su salida de un foro al que había sido
invitado en la Universidad Pedagógica, fue golpeado por
grupos de camisas rojas, las turbas le impidieron hablar
y luego de la golpiza requirió tratamiento médico. Al
salir del centro asistencial donde fue atendido, anunció
que los estudiantes estarán en la calle el jueves
primero, como vanguardia de una manifestación que
demuestre el rechazo de las mayorías populares a la
reforma. “No nos amedrentarán. La resistencia contra la
reforma apenas comienza y seguiremos en la calle”.
LA IGLESIA DENUNCIA LA REFORMA
“Moralmente inaceptable” fue el
titular de la prensa independiente al informar sobre la
posición oficial de la Iglesia Católica ante la reforma
constitucional. El documento aprobado por la Conferencia
Episcopal (CEV) fue leído y comentado por el Arzobispo
Diego Padrón. En opinión del liderazgo católico, la
reforma acentúa la concentración del poder en el
Presidente, favorece el autoritarismo, limita las
libertades cívicas, incrementa desmesuradamente el
estatismo, permite al gobierno controlar espacios de la
vida ciudadana que se corresponden con derechos humanos
inalienables y vulnera los principios fundamentales del
sistema democrático. “El punto central”, afirman, es que
se intenta poner punto final a la diversidad y el
pluralismo, proclamando que el Estado es “socialista”,
bajo la conducción de un Presidente con poder omnímodo y
facultado para ser reelecto continuamente.. Un modelo de
Estado socialista, marxista leninista, estatista, es
contrario a la naturaleza del ser humano y a la visión
cristiana de la persona. Experiencias de otros países
demuestran que en tal sistema el Estado se convierte en
opresor de la sociedad, coarta la libertad personal y
causa un profundo deterioro de la economía, produciendo
una pobreza generalizada. Lo que más preocupa a los
Obispos es que la reforma, por excluyente de los
sectores que no la comparten, profundizará la
polarización de la nación y dificultará la convivencia
pacífica de los venezolanos.
El pronunciamiento oficial fue
precedido por declaraciones de figuras connotadas de la
Iglesia. Según el Presidente del Concilio Plenario,
Monseñor Pérez Morales, en profundidad
histórico-cultural, “pueblo” resulta en la reforma una
categoría restrictiva, excluyente, tipo apartheid,
en cuanto comprende sólo a la gente calificada por su
adhesión y participación en el “socialismo”. Los
venezolanos serían reconocidos como ciudadanos,
patriotas, en cuanto “socialistas”. Se habla de un poder
emergente de las bases, pero el complejo entramado del
texto lo hace dependiente del gobierno nacional. El
socialismo se propone no como proyecto alternativo
dentro de un pluralismo democrático. Se presenta
dogmáticamente como “la verdad” y “el futuro”, ante los
cuales no cabe sino la aceptación ciega, muy bien
vigilada por las vanguardias iluminadas-armadas. La
reforma define “socialista” no sólo al Estado sino
también a las dimensiones (económica, política,
ético-cultural) de la sociedad.
Pese a problemas de salud que
obligaron a suspender Aló, Presidente, Chávez en
“alocución telefónica” afirmó que los obispos son
“moralmente inaceptables” y “están al servicio de la
oligarquía”. Se refirió en términos impertinentes al
Cardenal Castillo Lara, recientemente fallecido y a
cuyas exequias no se hizo presente ningún representante
del gobierno. El cardenal Jorge Urosa respondió con un
llamado a la tolerancia y exhortó a retirar el proyecto
de reforma. El gobierno lo instó a despojarse de los
símbolos cardenalicios para opinar. Urosa replicó que no
tenía que hacerlo pues los obispos son imparciales en
las controversias políticas, pero no pueden ser
indiferentes ante los problemas del pueblo. El arzobispo
Baltazar Porras anunció una inminente reunión con el
Papa Benedicto XVI, en ocasión de audiencia prevista
para la nueva directiva del Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM), donde Porras es Vicepresidente.
Da por descontado que se trate el tema Venezuela al
abordar las conclusiones del CELAM en la conferencia de
Aparecida (Brasil). Allí el Papa mostró su preocupación
por el surgimiento en la región de formas de gobierno
autoritarias o sujetas a ideologías que se creían
superadas. Era claramente una referencia a Venezuela.
Seguramente está enterado ya, que Chávez inició hoy su
campaña electoral calificando a los Obispos de nuevos
Judas.
LA PROPUESTA UGALDE
Aprobar el cambio propuesto “lleva en
si mismo el germen de la ilegitimidad”, y “fuera del
consenso no hay un verdadero pacto social sino decisión
unilateral e imposición de un sector sobre quienes son
vistos no como ciudadanos, sino como enemigos”. Lo
expresaron en comunicado conjunto las Academias
Oficiales que congregan las personalidades más eminentes
de todas las ramas del saber. Los rectores de las
Universidades autónomas suscribieron un comunicado
denunciando la reforma como instrumento para destruir la
libertad de cátedra e imponer el pensamiento único.
Coinciden con los académicos en el concepto de
“ilegitimidad” y anuncian que pondrán en movimiento su
capacidad de convocatoria para que se haga evidente el
rechazo. Gremios de intelectuales, artistas,
periodistas, científicos, obreros, empresarios, las
organizaciones más representativas de la sociedad civil
se manifiestan en términos categóricamente negativos a
lo que estiman una severa ruptura institucional.
Luís Ugalde, Rector de la Universidad
Católica, se pregunta qué hacer ante la pretensión de
imponer una nueva Constitución que la mayoría de los
venezolanos rechaza. “Las posibilidades son buenas,
siempre que los demócratas trabajen en lo fundamental,
se liberen de sus pequeñeces y sean capaces de sumar las
diversas expresiones de rechazo”. Propone una campaña
de información sobre las amenazas concretas que entraña
la reforma y aceptar que el rechazo se expresará de dos
maneras, ambas con fuertes razones: por la abstención,
quienes desconfían del sistema y el arbitraje electoral,
y por el NO quienes consideran que el ejercicio del voto
es un instrumento de lucha cívica. Ambas expresiones
dejarán en evidencia que con una minoría el gobierno
quiere imponer como obligación constitucional un régimen
autoritario y un modo de vida inaceptable. Según Ugalde,
hay que prever y preparar “el día después”, para lo
cual, desde la noche del referendo, la mayoría del país
tiene que sentirse como tal. “Esto requiere una voz y
una dirección que, antes y después, explique e
interprete los hechos ante el país y el mundo…El “día
después” es la clave para salvar la democracia
venezolana y esta sólo puede ser victoriosa si se
trabaja sabiendo que Chávez no reconocerá la derrota al
verse en minoría frente al NO y la abstención”.
Chávez dedicará todo el mes de noviembre a actos de
masas por el SI. Repetirá el esquema de la campaña
presidencial del año pasado. Está vez tiene en contra
varios factores, entre otros las fracturas internas de
los “bolivarianos”. Varios gobernadores y alcaldes han
expresado que se oponen a la reforma, y seguramente la
mayoría no ve con buenos ojos que en el futuro tendrían
un papel decorativo, pues se les despoja de funciones y
facultades. A diario hay manifestaciones de chavistas,
en todo el país, exigiendo cumplimiento de promesas
sobre empleo, salarios, viviendas, y protestas por la
inseguridad y la crisis de los servicios públicos. En
las encuestas aparece alto apoyo para seguridad social a
los trabajadores informales y la reducción a 6 horas del
horario laboral, pero la mayoría está poco informada
sobre el contenido de la reforma, no cree que reformar
la Constitución resuelva los problemas del país, le
preocupa que sea amenazada la propiedad privada y en
lugar de reforma prefiere que se cumpla la vigente. El
presidente conserva un buen nivel de popularidad, pero
su verdadera fortaleza es el férreo control de las
instituciones claves, entre otras, el Consejo Nacional
Electoral, todo el personal que maneja el sistema
electrónico de votación y el Tribunal Supremo de
Justicia
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