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Abril 16, 2008

La Versión De Chávez


La Semana del Bravo Pueblo denominó Chávez el conjunto de actos conmemorativos de lo ocurrido entre el 11 y el 13 de abril del 2002. En sus discursos exaltó el 13, el Día del Regreso, omitiendo referirse a los dos días anteriores. Como era de esperar, se reabrió el debate sobre acontecimientos que representan un punto de inflexión en la historia contemporánea, que el régimen hace esfuerzos por reescribir. “La versión Chávez” la recoge el periodista Eleazar Díaz Rangel, uno de sus más leales partidarios, en una larga entrevista “al personaje más controversial de la política latino americana actual”. El periodista le pregunta si vio la marcha cívica del 11, “era multitudinaria, como nunca”, a lo que Chávez responde afirmativamente, “pero sabíamos que formaba parte de una conspiración de diversos sectores de poder, especialmente los mediáticos, y terminó por convertirse en un motín que generó violencia”. Relata los esfuerzos realizados, según él, por evitar un golpe de estado, la orden de reprimirlo, mediante el Plan Ávila, y la resistencia de la oficialidad a cumplirlo; de cómo se enteró de que habían muerto varias personas en la cercanía del palacio y de la información que recibía sobre generales y almirantes que se plegaban al desconocimiento de su autoridad. Llega el momento, según Chávez, en que “vimos que lo conveniente era abrir negociaciones, yo presentaría la renuncia ante la Asamblea Nacional y que se respetara la Constitución, y se preservara la vida de todos nosotros, y que igualmente se nos permitiera la salida del país…con esas condiciones le pido a miembros del alto mando militar que vayan a proponer las condiciones y a negociar…entre tanto, yo llamé a Monseñor Baltazar Porras y hablé con varios embajadores…cuando avanzada la madrugada se presenta la situación de que exigen la renuncia sin condiciones, que amenazan enviar tanques y que vendrá la aviación al amanecer, yo me quedé un rato solo, para reflexionar…en esas condiciones no voy a renunciar, que me hagan preso…llegamos a Fuerte Tiuna como a las cuatro de la mañana…me llevaron al edificio de la comandancia  del ejército donde estaban muchos generales…veo a los monseñores Porras y Azuaje y me siento al lado de ellos.

 

“Tomó la palabra el general Fuenmayor –prosigue- y me plantea, en nombre de todos, mi renuncia, ante la situación de ingobernabilidad, según ellos…les dije deben pensar bien la responsabilidad que están asumiendo ante Venezuela y el mundo...me pasaron el papel con la renuncia…ya lo conozco y no lo firmaré…yo había puesto cuatro condiciones para firmarla…en la medida que hablo me doy cuenta que estoy captando la atención porque allí algunos habían sido manipulados…me interrumpe el general González González e invita a todos a pasar al salón al lado…regresan como una hora después…que no aceptaban las condiciones, que no podía salir del país, que debía responder al pueblo por los crímenes cometidos …salieron, se quedó un coronel y me dijo que debía quitarme el uniforme de campaña, me cambié y la tropa ya se movilizaba para ir a desayunar”. ¿Es cierto que le pidió perdón a Monseñor Porras?, -lo interroga Díaz Rangel-. “Si, le pedí perdón por el tratamiento a la cúpula religiosa, sobre todo a Monseñor Porras. Les dejé claro que yo soy un católico, un cristiano.”

  

LA OTRA VERSIÓN

 

“Perdóneme todas las barbaridades que he dicho de usted. Lo llamo para preguntarle si está dispuesto a resguardar mi vida y la de los que están conmigo en Miraflores. En vista de los acontecimientos suscitados hoy, he decidido abandonar el poder”. Era la voz de Chávez. “Hacia las 12.30 de la madrugada del viernes 12 de abril recibí la inesperada llamada”, afirma en sus Memorias el Arzobispo Baltazar Porras, en ese momento Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), y a quien tal circunstancia convirtió en testigo calificado del controversial acontecimiento. “Le respondí que como sacerdote estaba dispuesto, máxime si me lo estaba pidiendo. Agregó: lo que yo quiero es salir del país Le pido que me acompañe hasta la escalerilla del avión o inclusive que me acompañe, si es el caso”. Porras relata las peripecias corridas por él y su acompañante, Monseñor José Luis Azuaje, quien ejercía como Secretario de la CEV, para llegar hasta Fuerte Tiuna, “donde fuimos testigos mudos de lo que acontecía a nuestro alrededor…por el diálogo que mantenían los militares era claro que la condición del Presidente era que firmaba la renuncia si  lo trasladaban a Maiquetía y  lo ponían en la escalerilla del avión para salir del país…Se hablaba de muchas cosas…la mayor repulsa era contra la activación, hacia la una de la tarde del 11 de abril, del Plan Ávila,  que según decían, obligaba a los militares a disparar contra la población… En medio de todos los acontecimientos, fue relevante la información, televisada, del General en Jefe Lucas Rincón, de que el alto mando le había pedido la renuncia, la cual aceptó”

 

Según Porras, ante la inminencia de la llegada de Chávez al Fuerte, los generales deliberaban sobre qué hacer. Analizaban la disyuntiva entre dejarlo salir del país, o someterlo a custodia militar. Un general opinó que debían dejarlo salir ¿Qué significa bajo custodia? No tenemos ninguna orden judicial que avale la situación. ¿Cómo vamos a justificar ante el pueblo que lo tenemos retenido?..Le contestaron: ya está decidido que no se va. “Hacia las 4 de la mañana -dice Porras- llegó el Presidente, me saludó, pidió la bendición, le di un abrazo y lo bendije...le comunicaron que quedaba bajo custodia de la Fuerza Armada y que debía firmar la renuncia tal como habían acordado…les respondió: ustedes me han cambiado las reglas del juego, yo dije que firmaba la renuncia si me mandaban fuera del país,  pero ahora dicen que quedaré bajo custodia, tendrán preso a un presidente electo popularmente, pero no voy a discutir eso. Porras califica de lapidarias las palabras que añadió Chávez: pienso que soy menos problema para ustedes si me dejan salir que si permanezco en el país, pero ustedes tienen la última palabra. Los generales se retiraron y quedamos solos, Azuaje y yo con el Presidente. “Conversamos durante un largo rato. Le oímos sus cuitas: les propuse que pusieran en el documento de renuncia la destitución del vicepresidente y de todo el gabinete para facilitarles las cosas. Nos repetía que ahora si iba a tener tiempo para reflexionar, para evaluar su gestión y pensar con calma en el futuro. Fieles al papel sacerdotal que cumplíamos, dejábamos que se desahogara. Los últimos en despedirlo fuimos los dos Obispos. Se le notaba más quebrado el ánimo. Le brotó una lágrima y nos dijo: recen por mí, y les pido perdón por no haber encontrado el mejor camino para un buen relacionamiento con la Iglesia. Denme su bendición. Para ese momento apuntaban en el horizonte los primeros rayos del sol. Eran las 6 y 30 de la mañana del 12 de abril.

 

  UNA REVOLUCIÓN VACÍA

 

Chávez celebró el  aniversario del regreso al poder anunciando una nueva misión: 13 de abril. “Ese día del 2002 comenzó el fin de la hegemonía del imperio norteamericano en este continente. Debemos erigirla como fecha patria, similar al 24 de junio de 1821, cuando Bolívar, en la batalla de Carabobo, decretó el final del imperio español”. Dedicó unas palabras al fallecido Cardenal Velasco, quien lo visitó cuando estaba detenido en La Orchila. “Que Dios lo tenga en la gloria, aunque yo creo que me lo voy a conseguir en el infierno. Velasco llegó a pedirme en el nombre de Dios que hiciera el último gesto por el pueblo, que firmara la renuncia”. Anunció que la nueva misión está destinada a erradicar la pobreza en los municipios más importantes. El diario Tal Cual, dio acogida a las opiniones de Francisco Rodríguez, quien era Asesor económico de la Asamblea Nacional en el 2002 y se entrevistó con Chávez para recomendarle racionalizar los gastos del Estado. Rodríguez, actualmente profesor en una prestigiosa universidad norteamericana, escribió para Foreign Affairs un artículo titulado: Una revolución vacía. Las promesas incumplidas de Hugo Chávez. Sostiene con argumentos sólidos que los pobres no son una prioridad en el gobierno de Chávez: en Venezuela la tasa de reducción de pobreza es de un punto por cada punto de crecimiento económico. El promedio en Latino América es dos puntos. La proporción de los gastos más favorables a los pobres, como educación, salud y vivienda, se mantiene al mismo nivel que antes de Chávez: una cuarta parte del presupuesto. El resto va a gasto militar, expansión de la burocracia, pago de deuda. No ha habido cambio en las prioridades. En 2005, el gobierno declaró a Venezuela territorio libre de analfabetismo, y las estadísticas oficiales demostraban que había un millón de analfabetas. El posicionamiento de Chávez como el presidente de los pobres, se explica porque las misiones fueron concebidas primordialmente como una estrategia política, comunicacional. Para el gobierno es más importante trasmitir la impresión de que hace por los pobres, que hacerlo efectivamente.

 

Chávez reconoce la “ineficiencia” del gobierno y anuncia una estrategia que garantice eficacia. Luis Zambrano, investigador de la UCAB,  como la casi totalidad de los analistas independientes, señala que no hay estrategia económica viable, cuando se le sobrepone la estrategia política e ideológica. “Una tasa de cambio sobrevaluada en más de 70%, una inflación descontrolada que se estima terminará el año en 30% y la ejecución de un disparatado plan de estatización, que impactará seriamente las cuentas fiscales, son los temas más urgentes que debería corregir el gobierno. Pero existe una regla de oro que difícilmente el Presidente, hacedor de todas las políticas, esté dispuesto a violar: en años electorales no se toman medidas con un costo político alto. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en su último Informe hace una gráfica del escenario venezolano: hostilidad al disenso político, criminalización de la protesta social, administración de justicia politizada, obstáculos a la libertad de expresión. El régimen responde que son calumnias del imperio. Los empresarios  se quejan de la inseguridad. Los juristas, de la falta de autonomía del poder judicial. El Presidente responde: “aquí no hay nada autónomo. El gobierno es uno solo y yo lo presido”.

DEMOCRACIA Y DESARROLLO
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