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Noviembre 17, 2008

Chávez En Campaña

 


“La oposición tiene un plan para sacarme de Miraflores. Están haciendo  lo posible por ganar algunas gobernaciones, y el año que viene tumbarme, pero en el supuesto de que la oligarquía tome el poder en Carabobo, el año que viene sería  de guerra, yo sacaría los tanques para defender la revolución. Patria o muerte es la consigna. Mario Silva, aquí a mi lado, el candidato del PSUV, para quien pido apoyo, es la garantía de la paz, con la oligarquía vendrá la guerra. Escojan ustedes el camino”. Es el discurso de Chávez, trasmitido por la televisora del Estado, y frecuentemente, en cadena nacional, en  incansables giras por todo el país identificando como suyos a los  candidatos del PSUV para gobernaciones y alcaldías. En el caso de Silva, expresó: “Mario, pulverízalos, es la instrucción que te doy. Hagan lo que tengan que hacer, pero hay que ganar  todas las gobernaciones y todas las alcaldías”. En el caso del estado Sucre, cuyo gobernador es Ramón Martínez, un disidente del chavismo, manifestó: “El actual gobernador, mafioso y traidor, no sólo va a perder la gobernación, sino que va para la cárcel, te vamos a barrer, asqueroso traidor. Tendrás que entregar la Gobernación a nuestro candidato, y nadie te salvará de salir de la gobernación para la cárcel”. El guión del discurso es el mismo en todos los estados: si la oligarquía  o los traidores  triunfan, tienen un plan para sacarme de Miraflores, pero habrá guerra, porque esta es una revolución armada. El candidato del PSUV es mi candidato, votar por él, es votar por Chávez, votar contra la guerra, votar por la paz.

 

Los analistas coinciden en que Chávez intenta convertir las elecciones regionales en un plebiscito por estar convencido de que los candidatos del PSUV, en su gran mayoría carecen de liderazgo en sus estados y municipios, y que el lenguaje agresivo, amenazador, belicoso, tiene el propósito de amedrentar, de desarme psicológico  a una colectividad con la cual parece estar perdiendo sintonía. A los que le siguen por convicción y a  los beneficiarios de dádivas trata de compactarlos: perder pone en peligro la continuidad del régimen. Repite: “esta es una revolución y vinimos para quedarnos, usted no puede cambiar a Picasso mientras pinta el Guernica”. Chávez cree que la revolución es él, ha preferido la ruta electoral por las ventajas del apoyo plebiscitario. Asegura que ganará todas las gobernaciones y alcaldías. Inhabilitó a quienes las encuestas señalaban como ganadores y  moviliza toda la maquinaria del Estado, bajo su control absoluto, para “pulverizar” a los contendientes adversos. La Constitución y las leyes le prohíben favorecer una parcialidad política en detrimento de otra, y el uso de fondos públicos para proselitismo político. Las demandas ante el CNE y el Tribunal Supremo han tenido la misma respuesta: el Presidente tiene derecho a defender su obra de gobierno. A quienes censuran el uso abusivo de los medios oficiales Chávez responde: ganen la Presidencia y hagan todas las cadenas que quieran.

 

  ¿UNA NUEVA MAYORÍA?

 

La guerra de encuestas concluyó el 15, último día en que podían publicarse. El régimen anunció la suya, trasmitida por la Agencia Bolivariana de Noticias. Reporta que el Grupo de Investigación Social (GIS), liderado por Nelson Merentes, exministro de Finanzas, responsable en el PSUV de la investigación de opinión, encontró que el 45.2 % de los electores votará por el partido que preside Chávez y el 26.9% respalda a los candidatos de la oposición. En las encuestas independientes, aparece que Chávez conserva un buen nivel de popularidad pero se ha debilitado su capacidad de portaviones. Los electores se inclinan por candidatos que garanticen una buena gestión. Los analistas señalan que el escenario ha tenido un cambio importante, con la aparición de la disidencia, con fuerza suficiente  para representar  un tercer actor. Ejemplo relevante es Barinas, donde Julio César Reyes, candidato disidente a la Gobernación aparece mejor posicionado que Adán Chávez, hermano del Presidente. Su mensaje es que se mantiene leal al proceso revolucionario pero está en desacuerdo con que los familiares de Chávez manejen el estado como si fuese hacienda de su propiedad. Otro caso es Guárico, donde Chávez impuso a Willian Lara, uno de sus incondicionales y lo enfrenta Leslie Manuit, quien se separó del PSUV en protesta por la imposición presidencial, y a una semana de los comicios aparece aventajando a Lara. Son casos emblemáticos, aun cuando hay candidatos disidentes, con altos porcentajes de opinión favorable, en otros 3 ó 4 estados. La segmentación consolidada de opinión pública le da al chavismo 41%, y en la segmentación cualitativa un sector de chavistas  no comparten las iniciativas del oficialismo.

 

Dando por buenos los datos de GIS, si el 45% votará por el PSUV, ¿Dónde irán los votos del 55%? La pregunta es pertinente porque en el REP aparecen inscritos cerca de 17 millones. Sobre la cifra de abstención no hay mayor discusión: todos admiten que estará entre 40 y 45%. De ser así, la referencia de votantes es 10 millones, con variables no significativas. Según la encuesta oficialista, el 45% del PSUV representa 4 millones y medio de votos. El PSUV ganaría la mayoría de las Gobernaciones, correspondientes a los estados menos poblados, donde el voto rural, de aldeas y poblaciones pequeñas es más sensible a las misiones y susceptible de manipulación en centros electorales totalmente controlados por militantes del PSUV, sin presencia efectiva de testigos de la oposición. Aun así, el voto opositor será mayoritario pues lo tiene asegurado en la región norte costera, más poblada, mayoritariamente urbana, con clases medias críticas, exigentes de respeto a la descentralización. Votaron mayoritariamente por el NO y allí los partidos tienen una buena maquinaria de control electoral. Frente a esa hipótesis, el régimen intentará crear, nacional e internacionalmente, la matriz de opinión de un triunfo apabullante, mediante  exit polls y quick counts  que serán difundidos por su vasta red de comunicación, antes de concluir los escrutinios, con el silencio cómplice del CNE. El desafío democrático es poner acento en el volumen de votos por las Gobernaciones, donde la diferencia puede superar el millón, opacando el número de gobernaciones. Es el reto post 23 N. Demostrar que frente a Chávez ha surgido una nueva mayoría, con potencialidad para protagonizar con éxito la agenda del 2010: un nuevo Parlamento.

 

 LA REBELIÓN PACÍFICA

 

En Venezuela sucede algo curioso, dice Carlos Genatios, quien fue ministro de Ciencia y Tecnología de Chávez, y hoy, en posición de independiente, es directivo de Ojo Electoral, una ONG aceptada por el CNE como Observadores. “La tecnología se ha convertido en herramienta de algunas organizaciones para manipular el sistema electoral y eso degrada la calidad de la democracia”. La organización Esdata, ONG que agrupa científicos y especialistas, diseñó el primer mapa de riesgo electoral, donde se identifican los centros de votación en los que hay un alto peligro de manipulación de resultados. Es la única ventaja lograda contra todos los esfuerzos oficiales por impedir el análisis de la información electoral sensible, explica el ingeniero Alfredo Weil, miembro de Esdata y ex director general de Sistemas Electorales del CNE. Los resultados de nuestros estudios, agrega, reflejan que más de un tercio de centros de votación son de alto riesgo, por la inusitada intensidad de movimientos del Registro Electoral, inconsistencia demográfica por  padrón de electores superior al número de habitantes adultos de esos municipios, migraciones ilegales y la gran cantidad de militantes del PSUV que fueron seleccionados por el CNE como miembros de mesa, la mayoría como Presidentes o Secretarios de las mesas. El mapa de riesgo permite a los partidos y candidatos de oposición optimizar los recursos de control electoral, como despliegue de voluntarios, testigos, miembros de mesa y equipos de logística. Objetivo factible en el casco urbano de las ciudades grandes, pero muy difícil en las barriadas controladas por malandros que usan el uniforme rojo rojito como escudo de protección, y en las aldeas y pequeños poblados, donde los “batallones” chavistas se convierten en la verdadera autoridad electoral, con la complicidad del Plan República. Es la experiencia de anteriores elecciones.

 

Chávez afirma que  la oposición asoma siempre el fantasma del fraude electoral, y que el sistema de votación es el más seguro y moderno del mundo. “Hablan de fraude, porque saben que los vamos a barrer del escenario político.” María Corina Machado, la líder de Súmate le responde que no son aprehensiones de quienes adversan o disienten del régimen. A estas alturas el CNE no ha publicado los resultados de las elecciones parlamentarias del 2004, y tampoco ha publicado el resultado de 4.500 actas del referendo del 2 D. “Los venezolanos hemos aprendido que lo que ocurre antes, durante y después del acto electoral, es importante. Estamos motivando a la gente para que se active como miembros de mesa, como testigos o como electores. Vamos a escanear las actas y las vamos a colocar en Internet después que el CNE emita su primer boletín. Nos hemos trazado como meta entrenar 53.000 super-testigos para cubrir todos los centros de votación. Necesitamos votar para imponer una nueva barrera al intento de más poder autocrático. Hay una verdadera revolución, la de la ciudadanía. A esa revolución le tiene terror Chávez. Luce exasperado y el discurso  de su campaña es disparatado. Siente que el 23 de noviembre lo derrotaremos nuevamente”. Tiene razón Machado. Hay una rebelión pacífica que puede anunciar el final de Chávez como líder de un proceso con ropaje democrático, o el comienzo de otro, en que el socialismo siglo XXI  deja de ser discurso ambiguo para dar paso a un modelo calcado de la experiencia cubana.

DEMOCRACIA Y DESARROLLO
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