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Abril 16, 2010

Mentiras y verdades de abril de 2002


Desfile de la milicia bolivariana,  pueblo en armas, patria, socialismo o muerte, son palabras seleccionadas por Chávez en los programas que organiza para conmemorar los sucesos de abril del 2002, cuando las armas lo sacaron y restituyeron en el poder. Los muertos se produjeron el día 11, cuando sus milicianos recibieron a plomo la manifestación popular que se dirigía a Miraflores para solicitarle la  renuncia. Los sucesos de esos días son controversiales. En los 8 años transcurridos Chávez ha logrado reducir ese capítulo de la historia a un cliché: unos militares felones dieron un golpe de estado y el pueblo se lanzó a la calle para restituirlo en el ejercicio de la presidencia.  Esa versión aparece  todos los días en la gigantesca red de medios escritos y audiovisuales que controla el régimen, y es la que ofrecen los libros escolares que los maestros deben enseñar a los niños. Es también la de los intelectuales de extrema izquierda, dispuestos siempre a viajar a Caracas, con pasajes de primera, hoteles 5 estrellas y viáticos abundantes. Los medios independientes, se dedicaron a señalar hechos. Como antecedentes, recuerdan que el 13 de noviembre de 2001, Chávez dictó 49 leyes que afectan la organización del Estado, las actividades económicas, financieras y agropecuarias. El decreto más explosivo es el de Hidrocarburos, que abrió camino para la politización de la industria, nacionalizada en la segunda mitad del siglo XX y gerenciada con alta eficiencia por  técnicos cuya credencial era el mérito. El 10 de diciembre siguiente se produce un paro nacional convocado por trabajadores y empresarios, al cual se unen 20.000 trabajadores especializados de la industria, en el llamado paro petrolero que se extiende hasta el 3 de febrero. El 23 de enero del 2002 se produce la primera de las grandes manifestaciones populares que protestan a Chávez. Todo el país vió en Aló Presidente a Chávez, utilizando un silbato para despedir la alta gerencia de PDVSA, acabando con la “meritocracia” y nombrando en la Directiva a personajes políticos carentes de experiencia. En solidaridad con los despedidos y en defensa del “mérito” se produce la histórica manifestación del 11 de abril.

 

En Caracas se encontraban centenares de corresponsales extranjeros que dieron su visión sobre “la masacre de Miraflores”. Cámaras de televisión captaron las imágenes de unos pistoleros que desde Puente Llaguno, aledaño a Miraflores, disparaban contra los manifestantes que se proponían llegar pacíficamente al Palacio en demanda de la renuncia del Presidente. También fue notorio, en las pantallas de televisión, ver a Chávez dirigiéndose a Fuerte Tiuna para negociar los términos de su renuncia con los altos mandos militares. A medianoche del 11 el Comandante de la FA, general Lucas Rincón,  anunció que el Presidente había aceptado renunciar al cargo. Chávez fue conducido a una base naval y luego al apostadero militar de La Orchila, de donde lo rescatan oficiales enviados por su compadre el general Raúl Baduel. En la madrugada del 13 Chávez habló por televisión, pidiendo perdón por sus errores y ofreciendo disposición a dialogar con la oposición. El sábado 13, en la tarde, hacen su aparición los círculos bolivarianos y se dirigen a Miraflores, donde Chávez  despacha ya como Presidente. Por dos días protagonizan actos de violencia. “El pueblo en armas” se dedica a saqueos indiscriminados  en lo que entiende merecido botín de guerra.

 

UNA REVOLUCIÓN ARMADA

 

La conmemoración del regreso de Chávez se efectuó por varios días que culminaron el 13, con un acto bautizado Día de la milicia bolivariana, del pueblo en armas y de la revolución de abril. Uniformado con traje de campaña se presentó ante numerosos militares y milicianos, concentrados en la avenida Bolívar y comenzó ordenando  a los jóvenes de la milicia militar estudiantil levantar los fusiles que portaban para demostrar  su compromiso con la revolución. Lo hicieron varios miles de adolescentes ataviados con traje militar, a quienes pidió jurar la disposición de dar la vida por la revolución socialista. Adolescentes  y adultos juraron “no dar reposo al alma hasta consolidar definitivamente la revolución.“  Estamos amenazados desde el interior y desde  el exterior, y de ahí la alianza de las Fuerzas Armadas y del pueblo en armas para enfrentar a los enemigos”. Aseguró  que los sectores que lo adversan insisten en el golpe de estado  o el magnicidio. “Si llegaran a asesinarme, los revolucionarios deben profundizar la revolución, radicalizarla, tomar todo el poder, absolutamente todo y barrer a la burguesía”. Repitió la vieja frase, “se trata de una revolución armada” y el acto efectivamente constituyó, según comentaristas, una demostración de que el socialismo siglo XXI es tarea de hombres  con fusiles. Anunció que al día siguiente viajaría a Nicaragua, para firmar nuevos convenios con el Comandante Ortega, y que no renunciaba al sueño de que el ALBA llegue a ser la alianza de toda Latinoamérica bajo las mismas banderas de la revolución venezolana. Como es usual, continuó viaje a Cuba para hablar con los hermanos Castro.

 

Venezuela puede generar una carrera armamentista en la región, han afirmado gobiernos y analistas En la visita de Vladimir Putin, Rusia y Venezuela, sellaron, según Chávez, una alianza estratégica. Agregó haber revisado con Putin “los proyectos para seguir incrementando la capacidad de defensa de Venezuela”, habiendo añadido a la “ecuación binacional” la energía atómica  y que hay disposición para “elaborar el primer proyecto de una central de energía nuclear, así como participar en un proyecto espacial”. Venezuela ha adquirido aviones de caza Sukhoi, helicópteros y rifles Kalashnikov, tanques y misiles antiaéreos S-300 y otros equipos bélicos por un valor de $6.000 millones. En rueda de prensa conjunta anunciaron una compañía mixta para la producción y el mejoramiento de crudo en la Faja del Orinoco, con una inversión de $20.000 millones, para producir en cinco años 450.000 barriles diarios. EE.UU. reaccionó mofándose de los planes espaciales de Chávez, “quien debería  centrarse más bien en las necesidades reales de los ciudadanos”. El Secretario de Defensa, Robert Gates, desestimó que el gobierno de Chávez represente “en la actualidad un reto o amenaza militar”. Afirmó que el interés de Chávez en profundizar sus lazos con Irán podría tener un objetivo de “relaciones públicas”, ya que de esta manera podría “distraer de las dificultades que tiene al tratar de figurar en el escenario mundial”. Según un analista venezolano quien ha logrado “distraer” a los americanos de los acuerdos con Irán sobre el tema nuclear es Chávez. Asombra, agregó, que EE.UU. no le dé importancia a los acuerdos con Ahmadinejad, en las numerosas reuniones sostenidas en Teherán y Caracas, y a la realidad de la presencia iraní en el país, que incluye el suministro de uranio. Con razón –agrega- Chávez afirma que su gran ventaja en la lucha contra el imperialismo, es que los adversarios lo menosprecian. En opinión de Venezuela Hoy, el freno al objetivo chavista de tener armas nucleares, depende de los valores éticos de Putin y Ahmadinejad, dos personajes con un historial de muy poco respeto a la moral.

 

  GUERRILLAS COMUNICACIONALES

 

El lanzamiento de las guerrillas comunicacionales formó parte del programa para celebrar el retorno al  poder de Chávez en abril de 2002. Integradas por estudiantes, entre 13 y 16 años, tienen como misión contrarrestar a través de Internet, teléfonos móviles y medios similares lo que se considere “ataques” de los medios de comunicación privados. Según voceros oficiales han recibido entrenamiento de 4 horas diarias, durante la cuales examinan el contenido de los programas de televisión, y detectan el mensaje capitalista que ha venido en ese programa, lo identifican y diseñan la propaganda necesaria para rebatir. Capítulo fundamental del entrenamiento es aprender a utilizar los instrumentos tecnológicos para difundir mensajes y noticias  que respondan a “una nueva manera de ver el mundo a través del socialismo” Reciben como  enseñanza que los medios de comunicación defienden la empresa privada, tienen ideologías preestablecidas, intereses políticos y están acosando a la revolución. Deben ser infiltrados para combatirlos desde adentro”. Para los nuevos guerrilleros la misión es poner al descubierto los contrarrevolucionarios y exponerlos a la censura popular, y si fuere el caso, a los procedimientos penales  que contemplan las leyes. El ministro de Educación declaró: “Yo me declaro guerrillero comunicacional. Es una técnica para combatir el poder de los medios”. La mayoría de los profesores en las cátedras de comunicación social han formulado severas críticas. Sostienen que ningún adolescente debe  ser utilizado como guerrillero comunicacional, que usar menores de edad como herramientas en tareas  como las anunciadas, va en contra de los derechos universales de los menores, consagrados por la legislación. Opinan que los adolescentes tienen derecho a simpatizar con ideas políticas y hasta militar en un partido, pero en este caso, el poder quiere arrogarse la función de convertirlos en policías mediáticos que averigüen y contradigan sistemáticamente cualquier mensaje que afecte al régimen. “Quieren convertirlos en guardianes del pensamiento único”. Los organismos de padres y maestros están convocando asambleas para que analicen la inconveniencia de permitir en los planteles la existencia de la guerrilla comunicacional. Consideran inaceptable que la psique y el desarrollo escolar sean víctimas de una “aberración del proceso pedagógico”.La Federación que los agrupa se propone apelar a la normativa de UNICEF en cuanto al reclutamiento de niños para actividades armadas o políticas, y a los organismos de protección a los derechos humanos.

 

La oposición denuncia que el mito de abril de 2002 es un pilar estructural en la política del Estado, cuya orientación  sistemática y recurrente es presentar la figura de Chávez como una víctima de tales acontecimientos. Quienes disienten son criminalizados, con flagrante violación de las garantías constitucionales. No importa  que los nuevos líderes no hayan tenido que ver con tales acontecimientos,  como los estudiantes, para calificarlos de fascistas, golpistas y volver a encadenarlos a los hechos de abril de una manera directa o indirecta. “Chávez se aferra a su versión, dentro y fuera del país, pues es lo único que le permite contrarrestar los señalamientos críticos y las acusaciones sobre violación de derechos humanos”. En efecto, Chávez no acata las decisiones de la CIDH y desestima a la CIDH, acusándolas de complicidad con los golpistas. Las denuncias de Parlamentos y líderes continentales reciben igual trato, Al Parlamento Europeo lo califica como instrumento de la derecha fascista, empeñada en desestabilizar su régimen.                 

 

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