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Mayo 28, 2010
La dictadura militar de Chávez
La economía está paralizada, se profundiza la recesión,
son titulares cotidianos en casi todos los diarios del
país. En el primer trimestre de 2010 la caída del PIB
fue del 5.8%, agravando así la tendencia que se viene
produciendo durante el último año, lo que indica una
contracción de la economía, mientras los analistas hacen
pronósticos sombríos para lo que resta del año.
Venezuela es uno de los principales productores de
petróleo, controlado por un Estado que expropia todo lo
que considera sectores estratégicos: telecomunicaciones,
electricidad, industrias de acero y aluminio,
distribución de la gasolina, plantas de alimentos y
cadenas de supermercados. Incauta haciendas y
edificaciones urbanas, controla bancos y avanza en
establecer una hegemonía mediática. A los bienes de
propiedad privada de los cuales se apodera les coloca
grandes cartelones rojos que anuncian el progreso del
socialismo siglo XXI. Chávez, presidente del partido
gubernamental (PSUV), constituye, según los estatutos
del mismo, “la máxima autoridad” y sus decisiones son
“de obligatorio cumplimiento”. Un politólogo advierte
que el Caso Venezuela debería ser un ejemplo para
cualquier país, de hasta dónde puede llegar en los
tiempos actuales una dictadura militar y el megalómano
que la encabeza, quien se atribuye como méritos ser anti-imperialista,
anticapitalista, socialista marxista, bolivariano,
patriota, y encarnación del pueblo.
Chávez sustenta su modelo con expropiaciones y
nacionalizaciones. A las empresas extranjeras poderosas
les ofrece pagar, pero actualmente les adeuda $14.600
millones. Están en proceso arbitrajes cuyo pago la
república tiene que honrar, afectando considerablemente
el flujo de caja externa. Igualmente el régimen se ha
comprometido a pagar las tierras y bancos de propiedad
extranjera, centrales azucareros y zonas industriales,
lo que implica un aumento en las erogaciones asumidas
que eleva esa deuda a $27.000 millones. Para
Ecoanalítica “El principal impacto se sentirá en la
eficiencia y en la calidad de las obras asumidas, lo
cual puede convertirse en un arma de doble filo. Los
retrasos, las suspensiones de obras, muestran que las
nuevas formas de participación social y económica, en la
mayoría de los casos no tienen experticia técnica ni el
músculo financiero para acometer proyectos de gran
envergadura.”
Encarnar al pueblo, en las ideas de Chávez, es
personificar la justicia. Una juez, María Lourdes Afiuni,
fue condenada a prisión por haber tomado una decisión
que molestó a Chávez. La Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) dictó una medida de protección a
favor de la juez. Un tribunal superior ratificó la
prisión, desechando el alegato sobre riesgo de vida en
el sitio de encarcelamiento. Desconocer los dictámenes
de la CIDH parece formar parte de una “tradición”,
expresó una penalista, “el caso es emblemático pues es
la primera vez que un juez es encarcelado por acatar un
mandato legal”. “La CIDH es instrumento del imperialismo
y debemos respeto sagrado a nuestra soberanía”, comentó
Chávez. Por razones de soberanía se ha negado a
extraditar a España a los miembros de la banda
terrorista ETA que viven en Venezuela, uno de los cuales
desempeña un importante cargo público. Razones de
soberanía alegan los países civilizados para
confraternizar con la dictadura militar de Chávez.
ESTATIZACIÓN DE LA ECONOMÍA
Un analista sostiene que el gran obstáculo para el
desarrollo es que Venezuela siga siendo hoy más que
nunca, una sociedad rentista, subsidiada por la venta
del petróleo en el mercado internacional. “Somos una
sociedad que disfruta de una riqueza que no produce”.
El Estado es ineficiente para garantizar el orden, la
convivencia, el cumplimiento de las normas que dicta,
entre otras razones por la ausencia de gerentes en los
asuntos públicos, buena parte de los cuales abandonan el
país por no soportar la dictadura y son sustituidos por
militares sin mayor preparación. Chávez le ha declarado
la guerra a las universidades autónomas, disminuyéndoles
progresivamente las asignaciones presupuestarias, por lo
que la formación de gerentes confronta limitaciones en
el acceso a la información contemporánea. Todos los
Rectores informan que han debido suspender la
adquisición en el exterior de libros y revistas
especializadas pues los recortes presupuestarios les
imponen otras prioridades, y les preocupa muy seriamente
que la crisis de la economía ha incidido en la demanda
de posgrados, ante la urgencia de los profesionales de
aprovechar las limitadas ofertas del mercado laboral. El
empleo está concentrado en servicios y comercio, típico
de una economía de puertos. Según las estadísticas
alrededor de un millón de jóvenes ni trabajan ni
estudian. El empleo en el sector privado es más precario
que en el sector público, lo cual no sorprende, pues el
sector privado no tiene la seguridad jurídica que le
permita ofrecer trabajos de calidad. “Las misiones no
han tenido mayor impacto en la tasa de empleo; el tema
se ha convertido en una leyenda que dominicalmente
repite Chávez en Aló Presidente”.
La eliminación de la propiedad privada, comenta un
analista, se pretende sustituir con las empresas de
producción social (EPS), definidas como entidades
económicas dedicadas a la producción de bienes y
servicios, procedentes de las propias comunidades, con
la visión de cumplir su papel desde abajo hacia arriba y
desde adentro hacia fuera. Es uno de los principios del
poder popular que proclama la revolución. Las EPS no
tienen una forma jurídica, su condición principal es el
trabajo asociado, uno de los objetivos que proclama la
revolución. El esquema responde a la estatización de la
economía que es propuesta básica del socialismo siglo
XXI. Las EPS no han dado el resultado que de ellas se
esperaba, pues no han contribuido a disminuir la deuda
social del país (desempleo, pobreza, escasez). Las
cooperativas han ido desapareciendo en razón de los
ilícitos penales en que fueron incurriendo
paulatinamente sus administradores. Según Conindustria
los ataques constantes a las unidades de producción
privada han sido determinantes en el retroceso que
exhibe Venezuela en su sector industrial, que aunado al
deterioro de las exportaciones petroleras y al gasto
público desenfrenado han llevado a la contracción de la
economía nacional.
Aparte del petróleo, Venezuela tiene una inmensa riqueza
mineral, cuya explotación, hasta ahora, según los
expertos, ha dejado más deuda externa, graves daños
ambientales en aguas y tierras de Guayana, y empresas de
tecnología caduca, exportadoras de materias primas o
metales básicos semi elaborados, que luego regresan al
país como electrodomésticos y otros bienes
manufacturados. Las reservas de oro, concentradas en el
sureste, se estiman en 100.000 toneladas métricas.
Están entre las más altas del mundo, y según
especialistas, podrían ubicar al país entre los ocho
mayores productores del mundo. La explotación del oro,
según los ecologistas ha significado “un desastre humano
y ambiental”. Los operativos contra la minería ilegal se
han estrellado con el muro de los intereses enquistados
en las entrañas del gobierno, especialmente las fuerzas
militares.
Y AHORA, CAOS EN LAS FINANZAS
En opinión de Goldman Sachs, la dinámica monetaria y de
cambio salieron a escena en Venezuela. “Las altas tasas
de inflación, la caída de las reservas, la política
hostil hacia los mercados y la depreciación del bolívar,
han afectado adversamente el sentimiento del mercado
hacia el país”. Señala el análisis que las autoridades
han reaccionado con regulaciones mucho más estrictas en
el mercado de cambio y con medidas represivas en los
precios. Según el Banco Central el gasto del gobierno
registró una contracción que impactó en las actividades
que más dependen de la inversión pública, lo cual se
observó en los dos últimos años, pero en el lapso
correspondiente a 2010 la situación fue más crítica,
debido a que una caída de la inversión pública no se
registraba desde 2002. Goldman Sachs y el Banco Central
coinciden en el diagnóstico: sufre una severa
crisis de caja el gobierno que ha tenido los mayores
ingresos en la historia de la república.
Chávez culpa del atraso de las obras
públicas a los capitalistas. Instó de manera perentoria
a las empresas contratistas a autofinanciarse para
concluir las obras. Advirtió que “no pagará por
adelantado” y que no habrá contratos para las empresas
que no se autofinancien.
Diarios argentinos afirman que Chávez, en su viaje a
Buenos Aires con motivo del Bicentenario, reclamó a la
señora K y a Lula que las empresas argentinas y
brasileñas no están cumpliendo los acuerdos sobre
suministros de carne y leche. Ambos mandatarios le
respondieron que se trataba de empresas privadas y
exigían cartas de crédito. La crisis de caja afecta un
capítulo esencial en las políticas de Chávez,
particularmente la distribución de alimentos a precios
subsidiados. Responsables, afirma, son las grandes
empresas que acaparan sus productos. La solución:
compulsivos decomisos que van a parar a la red de
distribución de alimentos del gobierno: Mercal, Pdval y
la recientemente expropiada cadena Éxito, una de las
mayores del país, bautizada ahora como Supermercados
Bicentenario. Sus existencias son ofrecidas al público a
precios por debajo de los costos. A Polar, la primera de
las empresas privadas de la nación, le decomisan sus
bodegas “por inconsistencia en sus registros de
inventarios”. Destino: la red pública de distribución de
alimentos. A los decomisos, vale decir confiscaciones,
sigue una orden de Chávez: que la fiscalía inicie una
investigación para expropiar la empresa “por
acaparamiento”. Un analista afirma que la falta de
recursos del gobierno para dejar de importar los
alimentos que no se producen internamente (el 80%) sólo
puede tener como explicación la escandalosa corrupción,
tanto del comprador como del exportador. Agrega que es
evidente el interés político por las elecciones de
septiembre, pero Mercal, Pdval y Bicentenario apenas
ocupan una pequeña proporción del mercado nacional.
Chávez no oculta su angustia, busca culpables y da
explicaciones. “Esas supuestas mediciones sobre la caída
del PIB se hacen bajo parámetros capitalistas”. La
respuesta –dice- es que el mapa en que estamos
moviéndonos se propone asumir el manejo de las finanzas,
del comercio y del mercado. La situación de la economía
influye notablemente en la cada vez mayor radicalización
de la revolución. Lo dijo en términos expresivos:
“Pónganles velas al entierro porque voy a sepultar el
capitalismo venezolano, o dejo de llamarme Hugo Chávez”.
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